16 de marzo 2016 – Phom Penh

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Tome un barquito para cruzar de Vietnam a Camboya, al parecer estoy viajando como Mirreina porque acá el normal cuesta 25 USD yo pagué 55 UDD, y tenía aire acondicionado, barra de jugo y fruta, desayuno, mesero, snacks y todo.

Llegamos a la frontera y nos cruzaron facilísimo, en un como patio te revisan los papeles, luego te ponen la visa, la sellan y pasas, después de 5 horas llegue a Phnom Penh.

La ciudad es bastante fea, la primera impresión es como de haber llegado a un Vietnam a medias, el del Tuk Tuk me cobró carísimo por llevarme a mi hotel, le eché una mirada como diciéndole que sabía que me estaba transando. Me respondió con otra mirada de “así es aquí mija. Chíngate” y me advirtió que asegurará bien mi bolsa, que no tomara fotos y trajera todo pegado al cuerpo porque aquí te asaltan. Empecé a entrar en pánico, venía del país más amigable y buen pedo del mundo y ahora me podían asaltar en el taxi.

Llegué a mi hotel que es una hermosura manejada por un francés lindísimo y salí a explorar. A los 2 minutos me derretí. Neta no puedo explicarles el calor, el aire es imposible de respirar porque es denso y caliente y sientes que te mueves como en una gelatina tibia que no te deja en paz.

Traté de ir al Palacio real y estaba cerrado así que fui por un café frío. Me topé con unos precios ridículos. 5 USD por café grande, 3 USD por té helado y así. ¿Qué es esto? No mamar. Tomando una limonada de maracuyá, espere a que dieran las 2:00 para ir al palacio. Yo tenía planeado cubrirme los brazos con una chalina, pero para mi sorpresa los putos no aceptan eso, tiene que ser blusa a medio brazo.

Muerta de calor me fui a buscar algo de comer, pedí Curry con cerdo, rollos primavera y una limonada. Acabé en chinga y fui por una camisa para ahora sí poder entrar al palacio. Y ahí fui, pagué 6 USD y no revise mi cambio porque era un museo y que mamada que te chingaran.

Entre al complejo gigante lleno de edificios con serpientes protectoras en las esquinas, a muchos no puedes entrar porque sigue viviendo aquí el rey y él los usa, vi el edificio donde hacen las coronaciones y tienen sus tronos. Muy afrancesado con candiles y tapetes, todo reflejando riqueza, pero diferente a los palacios de Vietnam, esta era una riqueza insegura, como tratando de convencer, como la riqueza de alguien que tiene que impresionar para que la gente lo respete porque por sí mismo no lo consigue.

Deambulé por los patios, vi los vestidos de la corte, son bien chistosos usan un color por día de la semana porque da suerte, y así sin entender nada porque no te dan ni un folleto ni te explican, pasé a la pagoda plateada.

Al rededor de la pagoda hay unas pinturas que tampoco entendí, y unas Estupas que son como monumentos picudos en donde estaban los restos de algunos de los reyes. Adentro de la pagoda muchos Budas acomodados según su antigüedad, y uno grande al que la gente le reza. Me senté ahí un rato a verlo, y luego me salí (no se pueden tomar fotos) estuve tratando de entender a este país que me está costando tanto trabajo.

Regresé caminando al hotel buscando un poco de aire acondicionado, y me arreglé con un Tuk Tuk que tenía un perro para que me llevara al museo del genocidio y a los campos de exterminio. Me dijo que si por 18 USD. Yo la neta lo escogí a él por el perro, que por cierto era súper mala copa y me mordía todo el tiempo, pero pues un perro al fin.

Después de bañarme me fui a echar una chela y un sticky rice a un hotel que se veía bonito, el sticky rice no es como el de acá, me llevaron un platote con arroz y mangos, y al lado un plato con un como caramelo de coco café, estaba equis, pero me gusta más el de México. A la hora de pagar me di cuenta que la maldita de museo me había chingando 2 USD y me emputé. Empecé a leer historias de robos, violaciones, asaltos y estafas en Phom Penh y eran miles y miles, y si, esa vibra me transmitía esta ciudad, agresiva, sin alma bonita, abusiva y mala onda.

Me dormí temprano odiando Camboya esperando que el día siguiente fuera mejor.

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La Fille terrible de la comida, comer es mi pasión desde que tengo memoria, me gusta descubrir sabores nuevos que provoquen orgasmos.

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