19 de marzo 2016 – Siem Reap

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Desayuné en el hotel bajo la mirada atenta de la dueña, a las 8:00 pasó el guía que se llamaba Hum, juntos fuimos a recoger a Ana y María a su hotel. Después de corregirnos la ropa para que pudiéramos entrar a todos los templos, nos fuimos los 5, Hum, el chofer, Ana, María y yo.

Llegamos en un minuto, todas pensábamos que estaría más lejos. Compramos el pase por un día, nos tomaron la foto y nos entregaron nuestro boleto / gafete por 20 dolarucos. Ya se veían miles de turistas formados. Hum nos guió hacia un lago en donde nos explicó en un inglés incomprensible la historia del lugar. Yo nada más movía la cabeza como poniendo atención, mientras pensaba en la inmortalidad del cangrejo y tratada de ahuyentar a los mosquitos. Por fin, después de un discurso eterno, avanzamos hacia Ankor Wat. A lo lejos se veía una construcción imponente, ahí estábamos todas como chinas tome y tome fotos y resultó ser solo la puerta, una vez pasando por ahí, se reveló un complejo gigante todo en piedra, torres con labrados en las puntas se alzaban hacia el cielo, una pared lo protegía, caminamos por esa pared labrada con ventanas increíbles cubiertas por cilindros labrados formando barrotes y recorrimos sus pasillos, viendo los increíbles trabajos representando dioses y flores en todas y cada una de las paredes.

Ankor Wat es el centro religioso más grande jamás construido, desde su construcción en el siglo XII fue el centro político y religioso del imperio Khmer, era palacio real y templo además ahí vivían 20,000 personas. Este templo estaba dedicado a Vishnú, luego los reyes de Camboya fueron cambiando unos eran budistas otros hindúes y ahorita hay un bufa ahí adentro.

Estos templos me parecen impresionantes, pero al verlos no puedo dejar de pensar en que si, qué bonito está todo pero ¿quién construyó esto? O sea si se hiciera ahora no se podría lograr porque saldría carísimo contratar a tanto albañil. Mientras el sol hijoeputa me mataba de calor y hacía que sudara hasta por las pestañas, me imaginé a los miles de esclavos trabajando a pan y agua con este pinche sol cargando piedras. Claro que debían tener una fe enorme para hacer esto, pero también debió haber sido algo agotador, se acababan en unos años con estos trabajos. Además usaban elefantes para cargar piedras, tenían que venir con la piedrota cargando 65 km. Pobres animales neta.

Para subir a las torres tienes que estar tapada de los brazos y las piernas hasta la rodilla, me puse una camisa encima del vestido que compré en Siem Reap por 5 USD y ahí fui para arriba. Los escalones originales están abajo, son angostos y altísimos porque no estaban hechos para que subiera el hombre, si no los dioses, así que mejor para ahorrarse los problemas pusieron unos de madera más accesibles. La vista desde arriba es impresionante, se alcanza a ver competo Ankor Wat, unos globos aerostáticos flotan a lo lejos y unos lagos artificiales enmarcan la entrada. Por ahí me encontré unos gatitos jugando protegidos por el sol y fui a acariciarlos, recorrí esos pasillos impresionantes, si creo que es hermoso, pero no me mueve como una mezquita turca. Por aquí y por allá se ven monjes budistas vestidos de naranja con sus celulares tomándose selfies, también hay miles de turistas pidiéndoles fotos como si fueran botargas del pato Donald.

Bajando el guía nos llevó a unos ojos de agua en donde se ve Ankor Wat completo reflejado y ahí nos tomo fotos, cuando vi la mía me di cuenta que con ese vestido, la hinchazón, y el pinche arroz parezco Homero Simpson cuando quería tener licencia por enfermedad y se puso ultra gordo. Con la ropa normal no me veo así, pero algo tiene este vestido que me hace ver obesa. Pos ya, así es esto del abarrote.

Había tomado litros de agua y no había ido al baño, en México ya hubiera estado pegada al baño, pero aquí todo lo sudaba, nos trepamos a la camioneta agradeciendo haber contratado van y no Tuk Tuk y nos dirigimos a Ankor Thom, ahí visitamos Bayon, un templo con 54 torres con caras sonrientes, está en la ciudad de Ankor Thom, dedicado al dios Vishnú pero igual más tarde cambiado todo al budismo. Me gustó este lugar aunque estaba lleno de personas tomándose fotos, había una con un pimiento en la boca poniéndose en posición estratégica para que saliera la cara de la torre mordiendo el pimiento junto con ella. Todo el mundo se toma 89 fotos parados junto a una puerta, junto a una cara, junto a un labrado, no entiendo ese pedo de salir parado junto a algo 89 veces.

El guía nos dijo que teníamos que comer, aunque ninguna teníamos hambre. Nos fue a botar a un lugar ultra turístico con platos carísimos y decidimos buscad algo más ante la decepción del guía que perdería su comisión, encontramos algo decente y comimos con prisa para seguir recorriendo los templos bajo el sol más culero que me ha tocado en esta vida.

Nuestra siguiente parada fue Ta Prohm que fue el templo en donde Angelina Jolie grabó Tomb Raider y por eso le dicen Tomb Raider al templo todos orgullosos, lo chingón de este es que los árboles reclamaron lo que era suyo y empezaron a crecer en el templo, por eso le dicen también la terraza de los elefantes, porque sus raíces parecen trompas y patas de elefantes entrelazadas con las piedras y figuras religiosas, este templo fue construido en honor a la familia del rey Jayavarman VII, aquí Vivian 12,000 personas, 18 sacerdotes y 615 bailarinas durante su época dorada.

Agotadas por el sol, quemadas, sudadas y deshidratadas nos trepamos al coche para la parada final, cada vez que nos subíamos me tardaba 20 minutos en aclimatarme está muy cabrón el calor camboyano. El último templo fue Banteay Srei, este templo es el más alejado de todos, hicimos 40 minutos para llegad, las piedras son rojizas y hermosas y estaba dedicado a Shiva, es el único construido por mujeres y algunos dicen que es el más bonito de todos, y pues creo que si, es chiquito, nada majestuoso, pero con los detalles cuidados al máximo y de un color hermoso.

Acabando este templo estábamos agotadas, yo ya pedía esquina, quería mi cama y aire acondicionado, nos fueron a dejar a nuestros hoteles y me puse a escribir las postales que tenía que mandar desde Camboya, quedé de ver a Ana y María para cenar y dejé las postales en la recepción para que las mandaran. Escogí un restaurante de la guía que me dio el hotel (neta amo este hotel) y allá fui solo para descubrir que estaba cerrado, a los 5 minutos llegaron Ana y María y nos pusimos a buscar en donde cenar. Deambulando encontramos un lugar en donde todo costaba 4,5 USD así que nos quedamos, subimos 67 pisos para la terraza y encontramos un lugar tranquilo con una vista hermosa, una pareja cenaba sola, seguro le arruinamos la noche.

Tomando frappés de fruta las 3 platicamos sobre México, el PRI, Calderón, pero también sobre Camboya, su historia, su pasado y su futuro, las impresiones que dejó en nosotras y lo fuerte que es ver una realidad tan violenta como la de este país, todo se acabó cuando empezamos a ver ratas y cucarachas pasar a 10 cm de nosotros y salimos corriendo despavoridas. Seguimos caminando por ahí chachareando, viendo mercados y tienditas, yo me compré un frappé de maracuyá en la calle y le estuve enseñando los nombres de las frutas en español al de ahí, es el único camboyano al que le di una moneda de México, a él y a su compañera de puesto. Me dijeron que regresara al día siguiente por más frappé pero pos ya me iba, nos despedimos felices y repitiendo “aguacate” en voz alta, y señalando el aguacate del puesto.

La noche había llegado rápido, caminando entre turistas masajeados y puestos de shakes de frutas, mochileros borrachos bailoteaban y gritaban, señores aburridos se sentaban a ver a la gente pasar y nosotras decidimos regresar a nuestros hoteles. Nos despedimos deseándonos suerte.

Llegué a mi hotel y pensé lo mucho que me gusto Siem Reap, sus restaurantes elegantes para lunamieleros, sus masajistas con miles de camas dando a la calle llenas de turistas aceitados y dormidos, sus peceras con peces que hacen pedicure, sus mercados abiertos todo el día vendiendo cucherías, sus templos majestuosos, sus vendedores de shakes y sus calles coloridas y amigables. Amé mi hotel con causa, amé apoyar a una sobreviviente que ahora ayuda a otros a sobrevivir, su hotel se llama 7 candles por qué es un número sagrado y porque la vela, nunca pierde su luz cuando enciende otras velas, puede compartirse infinitamente y seguir igual de brillante. Un gran ejemplo a seguir y una inspiración gigante.

Gracias Siem Reap por mejorar mi imagen de Camboya, por mostrarme las pruebas de la fe en forma de templos de piedra, por matarme de calor y hacerme sudar 68 litros de agua al día, por juntarme con 2 nuevas compañeras de viaje y por ayudarme a dejar atrás mi ego deambulando por ahí en un vestido que me hacía ver obesa. Ha sido un placer conocerte, pero ya me quiero ir.

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La Fille terrible de la comida, comer es mi pasión desde que tengo memoria, me gusta descubrir sabores nuevos que provoquen orgasmos.

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