19 de septiembre – Casablanca

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Llegué a Casablanca en un vuelo en el que dormí con la boca abierta las 2 horas que duró, adormilada desperté para ver la ciudad desde el cielo, extensiones enormes de cuadritos cafés con algunos árboles por aquí y por allá rodeando casitas muy lejanas una de la otra. El clima y la ciudad son grises, cubiertas de un polvo fino de ese del que se llenan las cosas abandonadas. El aire es espeso cargado de sal, sólo de poner un pie en el piso te sientes en África. La fila para revisión de pasaportes es una fiesta de color, vestidos tradicionales, pieles negrísimas, peinados imposibles, señoras con mascadas en la cabeza siempre combinándolas con su ropa, largos abrigos y blusones cubren su cuerpo y las ocultan del ojo masculino. Por ahí se llegan a ver algunas totalmente vestidas de negro, pero son las menos. Un árabe mezclado con francés se ve en todo, letreros, bebidas, chocolates y menús.

Soy una pendeja para usar backpack cada vez que me la pongo parezco un panda intentando subirse al pasamanos. La gente me ve con una mezcla de risa y compasión, entre mi poca habilidad para ponerme la mochila y la pata mocha debo ser un espectáculo muy interesante. Cuando por fin pude estabilizarme y caminar, salí del aeropuerto con muchos Dirhams  a $1.65 pesos cada uno y me puse a buscar taxi, 300 DH para llegar o sea €30, no supe si era correcto o no, estos marroquíes discutidores se me fueron encima en bola y mejor me trepé aceptando la tarifa. El taxista arrancó su coche viejo y entramos a la carretera. Se sorprenderían si vieran lo similar que es esto a México, nopales desperdigados por ahí, bugambilias de todos colores cubriendo las bardas, ficus acomodados en hileras, y un bosque gigante de eucaliptos que se llama Le Jardin Verte. Le dije al taxista que podrían hospedar a muchos koalas. No me entendió y sólo me vio feo.

Todo es café con destellos de planta repentinos, plúmbagos, pirules, yucas, hagan de cuenta que compartimos semillas con ellos. Pasamos por una catedral francesa toda dada al catre, y llegamos al hotel. Todo aquí se ve viejo y abandonado, edificios que se descascaran, letreros descoloridos, gente que se confunde con los muros. Después de dejar mi maleta en el modesto cuarto todo pintado de azul, me fui al mercado.

Llegué a un lugar lleno de caos, señores y señoras que de pelean unos con otros para que te sientes, hagan de cuenta como en tres Marías pero en francés. Todos quieren que vayas con ellos. Familias enteras se sientan en mesas llenas de platos, lentejas, ensalada de jitomate con pepino, pescados fritos, camarones, calamares y coca cola con su marca en árabe. Las familias comen como si el mundo se fuera a acabar, rodeados de gatos que tratan de pescar alguna sobra. Aquí hay muchos gatos, todos son buena onda, los puedes ver gordos y flacos, tirados al sol o deambulando, sentados en medio de un puesto como si fueran mercancía, siempre son esa cara de “todo me merezco”.

Me metí a la parte de los pescados y mi corazón se puso a bailar, no huele para nada feo a pasar de estar lleno de mariscos y pescados; camarones, langostas, salmones, ostiones, cangrejos. Todos vivos y retorciéndose, los marchantes los agarran y te enseñan como mueven sus patas, mientras tu te quedas con cara de pendeja sin saber qué hacer. Me acerqué con una señora gorda y regañona y me dijo que probara los ostiones 10 DH cada uno. Ahí te los van abriendo y le ponen limón, saben a mar, mantequilla y felicidad absoluta. Me comí tres, aunque pude haberme echado más. Es curioso ver los puestos con tortugas, ahí las tienen, en cajas de unicel con lechugas, agarrando a una pregunté horrorizada que si se las comían, me vieron con cara risa, NOOO, son nuestras mascotas, y me la quitaron para acariciarle el caparazón con palmaditas.

Seguí dando vueltas contenta, sintiéndome en casa, entre la mugre, los gritos y los gatos, rodeada de pescados fresquísimos y lechugas verde esmeralda me senté en la mesa del que le echó más ganas para convencerme. El menú decía 80 DH acepté y me llevaron un plato lleno de pescados chicos y grandes, fritos enteros con sus cabezas como de fósil de la prehistoria mostrando los dientes. Comí sin prisa mi ensalada de jitomate, los pescados y camarones y guardé un itacate para dárselo a los gatos. Me cobraron sólo 65 DH con todo y la coca, no tengo idea por qué.

Empecé a caminar buscando gatos flacos porque sería un desperdicio alimentar a los gordos, en mi búsqueda me encontré con un señor herbolario que tenía un nopal en una maceta. En mi francés masticado le conté que en México los comemos, que sirven para adelgazar y hacemos ensaladas y jugos, me vio con cara de asco, no no, nosotros sólo comemos la fruta dijo con sus cachetes colgantes y boca de sabiduría. ¿Cuántas cosas no estaremos desperdiciando acá sólo por no saber que se comen y son deliciosas?

Me despedí del herbolario sonriéndole y haciéndole mini reverencias porque no supe que más hacer, y pronto me encontré con la mejor escena felina del mundo. Dos gatitos acostados dormían abrazados con la cara de tranquilidad que sólo los gatos bebés tienen, se veían tan tiernos que decidí darles el pescado, sólo me acerqué y uno vino corriendo a comer, al otro tuve que perseguirlo y enseñarle que era comida, a los 2 segundos ya estaba come y come. Su mamá nada hambrienta de comida pero si de cariño, se me subió a las piernas y se puso a restregarse para que la acariciara, le rasqué la cabeza mientras veíamos a sus cachorros comer. No tardó ni dos segundos en llegar un comerciante que intentó venderme fósiles de 400,000 años en sólo 100 DH ¡una ganga! Obvio no compré, lo dejé con sus fósiles antiquísimos y una cara ilusionada.

Feliz me puse en camino a la Mezquita de Hassan II, me trepé a un “Petit taxi” unos Renault rojos que no sabía pero son colectivos, así que ahí íbamos un señor el taxista y yo. Me empezó a llevar por calles horribles horribles, llenas de carpinteros, basura y gente pidiendo limosna, los dos hombres platicaban en árabe y con su acento no se sabe si están felices o enojados, son como italianos. En eso se me vinieron a la cabeza escenas terribles, ¿en qué cabeza cabe subirse a un taxi con 2 hombres en un país musulmán? Pero gracias a Yisus el otro pasajero se bajó y a los 3 minutos me dejó en la mezquita.

Estas mezquitas son enormes, una plataforma gigante color arena se tiene que atravesar para llegar a las puertas, la torre más alta del mundo en una mezquita te vigila y sus puertas gigantescas te dejan sin respiración, la verdad si está muy bonita y enorme y todo, pero no se me hace muy cabrona, las mezquitas turcas son infinitamente mejores con sus cúpulas, alminares y colores. No pude entrar porque no supe como, nadie te dice nada, me encontré a un gato lamiéndose y le tomé una foto, me echó unos ojos furiosos por la interrupción. Decidí mejor seguir mi camino. Saliendo una mujer me agarró la mano y se puso a dibujarme con henna, ya valió madres no pude soltarme y terminé pagando 80 DH por un dibujo horrendo que se va a quedar por 20 días. Pos caca, eso me pasa por mensa.

Con mi mano llena de henna salí en busca de un taxi, encontré a uno que me quería cobrar 50 DH por el trayecto pero me dijo que me cobraba €40 por darle un tour por la ciudad, duraba 2 horas y me dejaría bajarme en los lugares importantes. Pos miren ya estaba ahí y no tenía nada más que hacer.

Fuimos primero a una playa donde se veía la mezquita Hassan II, ahí me tomó una foto bien feliz mientras el olor a pescado inundaba el ambiente. Seguimos el recorrido por las calles desdibujadas hasta llegar al “Beberly Hills” de Casablanca, ahí hay un centro comercial de marcas “para gente con dinero” el famoso café Rick y casas hermosas rodeadas de palmeras, enredaderas llenas de flores cubren sus vargas y jardincitos verdes las rodean. Hay de todos los estilos desde minimalistas que podrías ver en las Lomas hasta árabes y unas art decó. Me llevó al hotel en donde se juntaron Churchill, De Gaulle, Roosevelt y Mohamed V en la Segunda Guerra Mundial. Y contó muy orgulloso como el rey defendió a los judíos de los alemanes.

Pasamos de nuevo por la mezquita y me dijo que afuera hay una gran escuela de corán, y se entrenan a los que dirigen las mezquitas, le pregunté que quien dirigía esta y sólo respondió “un hombre de 47 años”. Me he dado cuenta de la importancia de la edad para los marroquíes, cuando hablan de Mohamed VI mencionan mucho su edad como referencia. No se si es un símbolo de sabiduría o de éxito llegar a un puesto o haber logrado algo a cierta edad. En nuestra cultura también es importante pero no sustituye al nombre de la persona, sigue siendo Roberto Pérez que logró tal cosa a tal edad.

Los marroquíes están muy orgullosos de su rey Mohamed VI. Lo aman y admiran y piensan que nunca habían estado mejor, se sienten seguros, las mujeres pueden estudiar y trabajar, caminar por las calles con libertad y hasta tiene mujeres en su gobierno. Si le preguntas a cualquier persona te dice lo mismo. Sentí mucha envidia, me gustaría estar orgullosa de mis gobernantes, confiar en ellos y saber que hacen lo mejor por el país. Marruecos es una Monarquía Constitucional lo que quiere decir que son democráticos y votan por el primer ministro. El taxista me llevó a ver una de las casas del rey, tiene en cada ciudad y va recorriendo el país visitando a su pueblo. Me parece lógico ¿Cómo se puede gobernar un país desde el centro? Cada ciudad es completamente diferente y tiene necesidades específicas de las que no eres consciente si no vives ahí.

Pasamos por los jardines de Casablanca que tienen bibliotecas públicas gratuitas, esto los hace sentir muy orgullosos. También me dijo que hay 7 km de playas a las que puedes entrar sin pagar, en las otras hay que mocharse. Se me hace raro que te cobren por meterte al mar, pero bueno, en las que si gratis se juntan a jugar fútbol o a surfear. Me dejó bajarme en la plaza de Mohamed V que no era más que una fuente atascada de palomas que la gente alimenta mientras comen cacahuates y se pintan las manos con henna.

Casablanca es la capital económica de Marruecos, mucha gente vive aquí pero no son de aquí, han migrado de otras ciudades para trabajar, por eso Casablanca creció mucho y entonces tuvieron que construir edificios para albergar a la gente, estos edificios no son bonitos, al contrario, parecen no planeados, llenos de errores hechos con las patas básicamente. El taxista me contó que en unos días será la fiesta del sacrificio del cordero, cuando dios pidió a Abraham que sacrificará a Isaac y luego dijo “¡No mamar! Si me va a hacer caso, mejor hago que se detenga” En vez de matar a Isaac mató un cordero y entonces en estas fechas se matan corderos y se está con la familia. Es como Navidad para ellos, y algunos se preguntan por qué nosotros no lo festejamos si igual está en la Biblia. Sabrá Yisus por qué no celebramos, si alguien es experto en relación haga el favor de contar.

Total no había pasado ni una hora cuando me botó en el hotel, ya ni para que le alegaba, eso solo valía €20 porque prometió 2 horas. En fin, me quedé en el lobby usando el wifi, sólo hay ahí. Pronto llegó gente que parecía de mi grupo, y si, somos 10 en total recorriendo Marruecos juntos. Este no es un tour normal, está diseñado para gente joven que quiere viajar sin lujos, los hoteles jamás llegan a 4 estrellas, pero siempre están limpios. Aquí buscan que vivamos la experiencia local, que convivamos, que conozcamos en vez de andar en buses llenos de viejitos con calcetines y chanclas.

El guía nos explicó la dinámica y fuimos a cenar, no es como en un tour normal que tienes que ir a huevo a donde te llevan, aquí te sugieren y si quieres vas si no no, fui con el grupo y cenamos rico, una cazuela de cordero con ciruelas y almendras y jugo de naranja. Hay 6 veganos en el grupo, estuve comiendo mi cordero junto a una horrorizada australiana que masticaba sus calabazas sin gran emoción. Creo que vivirán de aceitunas y jitomate, neta no entiendo a los veganos.

Regresando de cenar se organizaron las chelas, sólo fuimos Moh (el guía no guía) Krysltle y yo.Krysltle es de Australia, su familia es India y ella iba a seguir con la tradición de casarse y comprar su casa para tener una vida estable, por azares del destino terminó cancelando todo antes de la boda, vendió la casa y ahora viaja por el mundo con los ahorros de su vida, es de esas personas honestas y sinceras, que aman estar vivas. Ella no quiere tener dinero para comprar cosas, quiere ver el mundo. Moh el guía es igual, después de dos cirugías para quitarle un tumor decidió cambiar su vida. El es berber y su familia tenía mucho dinero, pero un día su papá dejó todo para perseguir su sueño, Moh después de sobrevivir a las cirugías siguió el ejemplo de su padre, y ahora vive para viajar, odia el trabajo de oficina, odia vivir encerrado, quiere ver el mundo y aprender de otras culturas.

En eso llevo Rashid, él es musulmán devoto así que no toma, pidió un Sprite y brindó con nosotros por vivir viajando. Rashid tiene una sonrisa gigante que viene de hacer lo que ama, nos tuvo que dejar rápido porque su grupo es de los que pagan mucho y el hotel es caro y está en mejor zona, nosotros estamos en una zona, digamos no tan bonita pero si muy colorida. Pronto nosotros nos fuimos también, Moh pagó las chelas porque le gusta tenernos en el tour, y Krystle y yo nos sentimos felices de tener tan buen guía.

Llegando al hotel me metí a la tina y me comí una barra entera de Milka oyendo a Margarita la Diosa de la cumbia mientras trataba de estirar los músculo de la pierna buena que se están empezando a engarrotar por caminar chueco. Mi pie va mejor, cada día duele menos, mientras cantaba me sentí agradecida de estar aquí con estas personas en este gran país. Me dormí en una almohada cilíndrica rarísima rogando por no despertar con el cuello torcido.

Amo Casablanca sus calles sucias y su gente gritona, su horrendo olor a pescado, sal, tabaco y sudor, sus cafés llenos de hombres sentados viendo al horizonte, sus edificios abandonados porque le gobierno prohíbe tirarlos para construir nuevos así que los dueños optan por dejarlos caerse a pedazos para luego poder hacer algo que si les deje dinero. Sus gatos flacos y gordos que deambulan pidiendo comida, sus palomas invasoras sus horrendos arreglos de flores que parecen de una funeraria, sus aceitunas gratis y sus puestos de frutas callejeros, amo sus Petits Taxis tranzas, sus clima caliente y pesado que parece cargado de polvo, su mercado con mariscos fresquísimos y señoras regañonas y su afán de servir. Amo Marruecos y me siento en casa aquí.

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