2 de abril 2015, París

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Hoy me quedé en la cama hasta tarde, o sea las 9:00, el clima está horrible, llueve y llueve. ​No volvería a pasar frío, me puse 89 capas de ropa y parecía un oso polar con obesidad infantil. Estaba dispuesta a que París, su aire y su falta de sol me hicieran los mandados. ​Primero pasé a ​Fauchon​, es una tienda ultra ​cool​, todo es rosa fuerte y hermoso, según yo es el Victoria’s Secret en versión ​foodie​, ​macarons​, pasteles, comida ya preparada, vinos, sándwiches, café, una maravilla. Escogí un sandwich de filete con queso de cabra y algo con violetas en la ​ziploc más elegante del universo y me senté a desayunar. Un chef que preparaba ​Madeleines me dio una recién salida del horno. Me la comí contenta de estar aquí.

La siguiente parada fue ​Hediard​, otra tienda gourmet increíble. La sección de frutas era una gloria, los vinos un alucine, los tés, ni qué les cuento. Ahí pendejeaba cuando vi un mangostán. Seguro ya se dieron cuenta, soy fan de las frutas, veo una rara y la compro para probarla, y al mangostán lo tenían en mi lista desde hace mucho. €5 por la pinche fruta, pero ni modo, sabe Yisus si la volvería a ver así que la compré y agarré muchos chocolates de los que te dan en la caja, ¡pa’ desquitar oigan!

No podía faltar una visita a ​Maille, el paraíso de la mostaza. Me encantan los parisinos que tienen una tienda de solo mostazas toda elegante. Las probé casi todas. ​Mi próximo destino fue Ladurée por un ​macaron de pistache, la señorita fue ultra amable y se consternó porque sólo pedí uno pero la verdad es que no soy tan fan de los ​macarons​. Me lo fui comiendo mientras iba a una tienda de bailarinas que me recomendó Jean. ​¡Oh, por dios ese lugar! ​Repetto es un sueño, hasta te dan ganas de bailar. Zapatillas, tutús, música clásica y elegancia, estuve paseando y chismeando queriendo ser bailarina por un día aunque una falda costara €300. Para no frustrarme con mi evidente falta de dinero y gracia mejor me puse a buscar a Napoleón.

Caminé bajo la lluvia inhóspita de París porque sigo negada a usar taxis o metro y llegué a un lugar lleno de arbustos enanos con forma de cono, entré y me metí a un museo porque pensé que por ahí estaba la maldita tumba. Era una exposición del ejército, puras armas y uniformes de las diferentes épocas de Francia. A mí la guerra se me hace algo absurdo: tener que ponerte un uniforme fufurufo, cargar tu arma, estar dispuesto a morir por seguir a un cabrón que decidió anexarse las tierras en donde viven pobres personas en paz, matar a las personas, quedarte con la tierra, los que sobreviven la trabajan y pagan tributo o impuestos según la época, todo para que luego llegue un Huno y haga lo mismo con la misma pinche tierra. ​¿Por

qué no dejan a la gente vivir en paz en donde nació en vez de estarse anexando territorios que no les corresponden, destruyendo todo a su paso, saqueando los lugares, matando a la gente y encima arriesgándose a morir? ​Y además: tener que hacer todo vestidos con una ropa que se ve súper incómoda y cargando rifles tan largos como 6 pasos míos entre el frío, la lluvia y probablemente asquerosos olores corporales. ​Todo eso pensaba yo cuando veía el museo aquel. Total cuando llegué a la tumba de Napoleón me pareció carente de sentido hacerle un monumento de ese tamañote a un güey que había ido por el mundo tomando las cosas que no le corresponden. ¿Por qué si un niño en el kinder le quita algo a su compañerito lo regañan, y a este cabrón van y le hacen la tumba más grande del mundo? ​No tenemos lógica, me cae;; o ya no sé si ando muy malviajada pensando cosas que no son, echándole la culpa al pobre Napoleón de las desgracias del mundo.

Odiando al enano conquistador busqué Thoumieux para comer, está en rue Saint Dominique, que ya sabíamos es un paraíso. Pedí un ​foie gras perfecto con mandarinas y nueces, me gustan los granitos de sal y pimienta gorda que están esparcidos encima, a veces muerdes uno y explotan los sabores de la grasa del ​foie como iluminados por la sal. Mi segundo tiempo fue un cordero con ​cous cous​, me gustó pero llevo comiendo cordero todos los días, mi problema fue que sí hablo francés pero a esta carta no le entendí nada así que pedí hablando como Tarzán. Luego vi que había vieyras y no las pude comer por hacerme la fuerte y andar hablando como el hombre de la selva sin preguntarle nada al mundo. Me auto di un zape por tarada, ¡Amo las vieiras! ​A los 5 minutos de terminar de comer me alcanzó Jean que estaba cerca y lo llevé por los merenguitos de ​Aux Mervilleux de Fred​. Creo que no es muy fan de los postres pero igual le gustaron;; yo me compré uno gigante de chocolate blanco. Fuimos por un café y me abandonó porque tenía trabajo.

Sola, seguí caminando según yo a Notre Dame pero la lluvia se puso fatal. Andaba con mi pastel, camine y camine empapada y en mi cabeza me imaginé un atajo genial y pues no, obvio no era un atajo, di vueltas como mayate con mi pastel a punto de sucumbir al aguacero y sintiendo los hombros pesados de tanta ropa mojada. ​Llegué al depa, metí la ropa a la secadora y me comí mi pastel en la cama como una gorda. Ya entrada en gastos, también me eché el mangostán que sí está rico pero no para €5. Tal vez hubiera sido mejor no comerlo después del pastel pero eso ya no tenía remedio. ​Cuando la ropa salió de la secadora olía a pollo. No sé para qué usan la secadora en París pero no creo que sea normal que la ropa salga oliendo a pollo.

Traté de dormir una siesta y al parecer el espíritu de Godzilla se apoderó del vecino y anduvo dando pasos de dinosaurio destruyendo Nueva York toda la pinche tarde. Otro vecino arrastraba muebles como un alma en pena arrastra sus cadenas, los quería matar a los dos.

Pero no se preocupen vecinos del mal, el sábado me voy a las 4:00 am y se van a acordar de mí, ¡se los juro por Yisus!

Una vez frustrada mi siesta me fui a ​Lafayette Gourmet a buscar ostiones y el cabrón de la pescadería cerró una hora antes por sus huevos. Me iba a enojar y luego pensé ¿Pa’ qué te enojas? Y mejor me puse a deambular por la tienda. ​Amo estos lugares: hay frasquitos llenos de maravillas, aceites, vinagres, trufas, mostazas, tés, chocolates, ¡hasta gusanos deshidratados! Pasé por todos los estantes, revisé las etiquetas, me imaginé cocinando con ellos, encontré la mejor azúcar para el té de figuras hermosas;; esto hizo que se me derritiera el corazón y quise ser fufurufa para hacer fiestas de té y poner esos azúcares.

Con mi infinita capacidad de hablar con extraños me hice amiga de Evan, el de las especias, él es de Islas Mauricio y se ve que lo pusieron ahí porque se ve exótico. Estuvimos platicando, le conté que el primer día lloré porque los parisinos son muy fríos, me dio a probar todo y al final me regaló un té. Mañana le voy a llevar un regalito cuando vaya a ver si puedo por fin comer los pinches ostiones.

Abandoné mi lugar seguro atiborrado de comida, para ir rumbo a Champs Elysées a ver a una amiga que justamente está aquí, nunca me había subido al metro y a ella le encanta así que nos trepamos juntas. Déjenme decirles una cosa, este metro es una complicación total, hay estaciones con una cuadra de diferencia. ¿Es neta parisinos? ¿No pueden caminar una pinche cuadra? Antes de ponerme a cuestionar todo sobre el medio de transporte, mejor me dejé guiar por Laura porque obviamente no me pienso volver a subir y no voy a desperdiciar espacio vital en mi memoria aprendiendo a usarlo. ​Se me olvidó que Laura es súper melindrosa para la comida y la llevé por comida marroquí. Debo reconocer que a pesar del terror en sus ojos al ver la carta se portó a la altura y hasta le gustó. Además sin sus habilidades en el metro nunca hubiéramos llegado, o sí, pero caminando una hora como es mi costumbre. ​Mansouria ​es muy rico, tienen muchos platos con ​cous cous perfecto, cordero espectacular y un ambiente padrísimo. Vengan con hambre y de preferencia en grupo porque la comida es abundante.

De regreso estuve buscando un ​homeless para darle la comida que sobró y no había ni uno, anduve dando vueltas hasta que vi uno dormido y se la dejé junto: pobre, si lo despertaba le iba a costar trabajo dormirse otra vez con este frío. ​Llegué al depa y acaricié al gato gordo que siempre está en la entrada a esta hora, me senté con él a ver cómo había estado su día y a contarle sobre el mío, estuvo maullando y bamboleando su panzota. Mañana nos espera a Laura y a mí un recorrido de nuevo por París, comer ​Kebabs en Montparnasse, ver otra vez la Torre Eiffel, probar ostiones en Lafayette y cena en Chez L’Ami Louis como despedida de este viaje al que ya le quedan horas.

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Fauchon

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éclairs de sueño, Fauchon

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Hediard y su belleza infinita

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Hediard y su belleza infinita

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Frutas en Hediard

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Frutas en Hediard

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Ladurée

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Maille y sus mostazas perfectas

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Repetto, el sueño de las bailarinas

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Tienda de recuerditos

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La tumba de Napoleón

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La tumba de Napoleón

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La tumba de Napoleón

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Foie Gras con mandarinas en Thoumieux

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Cordero con cous cous en Thoumieux

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Aux Mervilleux de Fred my love

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Lafayette Gourmet

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Lafayette Gourmet

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Lafayette Gourmet

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Lafayette Gourmet, azúcar perfecta

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Mansuria, comida de marruecos, cous cous y cordero

 

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