20 de marzo 2015, Florencia

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El David, La Academia, Florencia

Hoy me tocó levantarme temprano para ir a ​La Academia​, reservé boletos y no tuve que hacer la pinche fila. Estuvo increíble porque pude ver el David casi sin gente, otra vez pensé que me dejaría indiferente como la Capilla Sixtina pero éste sí me impresionó: es enorme y perfecto, lo ves y no puedes creer que alguien haya hecho eso a cincelazos, las venas se marcan de una forma tan real que en verdad tienes que ser un genio para hacer una escultura así.

Lo demás del museo está bonito para verlo rápido porque después de 50 cuadros religiosos los empiezas a ver todos igualitos, convendría venir con una historiadora que te explicara cosas interesantes. Después de los cuadros de Cristos sangrantes, pasé a una sala llena de estatuas de yeso. Había visto millones en este viaje, por eso no entiendo el motivo de mi repentino estrés. ¡Estaba viendo gente muerta! No literalmente pero la gente que sirvió de modelo para estas obras estaba aquí merodeando, teniendo una vida, comiendo y siendo feliz o triste y ahora es una estatua, y lo peor es que se murió y nada pasó, el mundo no dejo de girar y para acabarla de amolar miles de chinos le toman fotos a la estatua para la que posó. Me empecé a malviajar horrible así que mejor me salí a caminar.

Y ahí anduve pendejeando en el Ponte Vecchio tratando de tomarme una pinche foto con el selfie stick sin parecer una loca. Por alguna razón hago cara de enojada cuando tomo fotos con esa cosa, me siento juzgada por el mundo. En esos malabares ​selfísticos estaba cuando apareció Alfred, se ofreció a tomarme la mentada foto y se puso a platicar conmigo. Vino a Florencia porque aquí conoció a su esposa, ella murió hace 14 meses y Alfred anda arrastrando la cobija. Caminamos un rato, le conté mi mal viaje con la gente muerta, Alfred me dijo que los mexicanos igual teníamos muchas cosas viejas, que es raro que me haya dado cuenta de eso ahorita. Pero pues a lo que tenemos acá ya estoy acostumbrada o chance antes no era en el momento adecuado para pensar en esto ¡Sabrá Yisus!

Yo tenía reservación para Uffizi y Alfred no;; nos despedimos y quedamos en cenar a las 7:30. Como la gorda que soy, compré un helado porque aquí el helado es mejor que en Roma y Nápoles, básicamente no puedes dejar de comerlo. ​Gelato en mano seguí pendejeando viendo a los pintores callejeros, a los enamorados poner candados en el Ponte Vecchio y a la gente disfrutando el sol a orillas del río, hasta que me tocó el turno para Uffizi. Al entrar subes muchas escaleras y llegas a un pasillo gigante lleno de estatuas, y otra vez me empezó el estrés con lo de la gente muerta.

Es impresionante la cantidad de arte que los Médici acumularon, pude ver las pinturas de Botticelli y pasear por los pasillos y las diferentes salas. En eso andaba cuando me dieron ganas de llorar horrible porque antes esto era un lugar donde una familia guardaba su arte y ahora hay un ejército de chinos corriendo y esa familia ya no es nada. El mal viaje que empezó en La Academia se completó. Salí de ahí medio paranoica y pensando en el significado de la

vida, temiendo porque de nuestra generación sólo van a quedar fotos digitales y pensando que en unos años no voy a ser nada, en una de esas ni siquiera un recuerdo.

En mi lista tenía un lugar feliz dónde vendían paninos por sólo €3, ​I Du Fratelllini​, llegué corriendo como buscando refugio, pedí obviamente ​porchetta​, porque AMO la ​porchetta con locura. Y me fui a sentar enfrente del Palazzo Vecchio a leer un libro de los Médici, después de estar en Uffizi necesitaba desesperadamente darle un significado a esa gente ya muerta, necesitaba entender en casa de quién había estado deambulando toda campante.

Mi radar interno me guió hacia La Academia de nuevo, y ahí caminando me encontré un tianguis de comida. De sopetón se me olvidaron los Médici, las personas muertas y todo el malviaje de antes porque encontré un plato de ​Gnocchi con trufa fresca en €8 y pues qué se va una a andar acordando de los antepasados de los florentinos teniendo eso enfrente.

Los ​Gnocchi eran PERFECTOS, tenían 2 salsas y me sirvieron mitad y mitad, una blanca cremosa y otra de hongos, la textura era especular y el señor que atendía rayó una cantidad obscena de trufa en ese plato desechable humeante y acogedor. Estaba tan rico aquello que daban ganas de untártelo. Me los comí contenta sentada en unas escaleras y hasta le di un poco a una paloma para que pudiera decir que comió trufa alguna vez y en una de esas fuera una paloma más respetada.

Fui a mi hotel con el corazón contento a dormir una siesta, después salí a un parque a jugar con los perros italianos para no extrañar tanto a Mateo mi perro, leí mi libro de los Médici abajo de un árbol y anduve deambulando entre las tiendas de ropa haciendo esfuerzos por no comprar nada porque mi maleta pesa como si trajera una estatua de mármol ahí escondida.

Pasé a ver varios súpers, que es uno de mis hobbies en México y obvio tenía que hacerlo en Italia, compré aceitunas dulces como las que comí en Nápoles y las comí mientras caminaba hacia la catedral, donde me senté a leer mi libro y a ver como el atardecer cambiaba de colores los mosaiquitos del Duomo, en silencio me despedí de esta ciudad.

En la noche fui a cenar con Alfred a un lugar que nunca hubiera ido yo sola porque tenían cheesecake y los meseros hablaban inglés. Pero está bien porque es buena onda y me contó su vida y sus andanzas. En los viajes no solo se trata de comer, si no también se crean nuevos lazos, aunque sea comiendo ​cheesecake​ en Italia.

Mañana voy a Roma por unas horas y de ahí vuelo a Estambul. Estoy muy, muy, emocionada.

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Las estatuas del malviaje, Florencia

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Ponte Vecchio, Florencia

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candados en el Ponte Vecchio, Florencia

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Señor apuntado en mi selfie, Florencia

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Gelato en el Ponte Vecchio

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Pintores afuera de Uffizi, Florencia

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Uffizi pasillo con estatuas

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Uffizi techos

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Cafetería Uffizi con vista increíble y precios carísimos

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Florencia

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Panino de Porchetta, I Du Fratelllini

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I Du Fratelllini, Florencia

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Puesto de frutas, Florencia

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Tienda para artistas, Florencia

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Mercado al aire libre, Miel, Florencia

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Panes en el mercado, Florencia

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Trufas frescas

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Preparando gnocchi con trufas frescas, Florencia

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Mis gnocchi que compartí con la paloma respetada

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Tutto al tartufo, Florencia

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Parque para leer

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Il Duomo al atardecer

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Mercado florentino

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Tienda de Tapices, Florencia

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