21 de marzo 2015, rumbo a Estambul

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Mi tren salía 5:50 para llegar a Roma de donde tomaría mi vuelo a Estambul, me dormí medio peda porque tomamos una botella de vino blanco entre Alfred y yo y al parecer apagué el despertador, porque me desperté bien feliz 6:30. No puedo explicarles mi estrés, me imaginé varada en Florencia perdiendo mi vuelo a Estambul que era el principal motivo de este viaje y corrí como alma que lleva el diablo a la estación de trenes a ver si encontraba uno.

Al llegar a la taquilla me quedé helada, no había ni un boleto a Roma, todos los florentinos van a pasar allá el fin de semana y el único que quedaba era a las 12:00, o sea, no me servía para nada porque mi vuelo era a las 2:00. Le expliqué a la señorita mi situación a punto de llorar y me encontró el último boleto disponible para dentro de una hora, era primera clase. Mi chiste me costó €75 y olvidar mis adaptadores con regulador de voltaje en el hotel, pero bueno, todo tiene sus ventajas, pude viajar en primera y creo que será la única primera clase que pueda comprar en mi vida así que todo bien.

Viajar como millonario es chistoso, me tocó con 3 italianos buena onda que sí viajaron ahí por gusto, no sé por qué alguien pagaría €75 por estar en un asiento levemente más grande cuando el normal cuesta €9 y el trayecto dura una hora y media. Al salir del tren la maleta pesaba 3 veces más ¡Lo juro! Empecé a ponerme histérica porque juraba que alguien me estaba metiendo cosas, casi la abandono en el camino. Luego me di cuenta que se le chingó una rueda después de mi carrera hacia la estación de trenes en Florencia.

Llegué al aeropuerto 3 horas antes, como tenía tiempo estuve buscando adaptadores con regulador de voltaje y no había. ¿Para qué venden el adaptador solo si su pinche voltaje es el doble del nuestro? Es una cosa inútil venderlo así. Tampoco arreglaban llantas de maletas y al darme cuenta de esto me empezó a entrar un ataque pendejo y me senté a llorar como una idiota.

Me puse a pensar que acá son poco prácticos, que en México en 788 tiendas venden los adaptadores y que cómo es posible que siendo un país que recibe a tanto extranjero no tenga algo tan básico. Ya me imaginaba sin teléfono para siempre y sin poder tomar fotos de nada. Estaba en medio de mi propia tormenta emocional cuando vi pasar a un perro en medio del aeropuerto todo feliz y campante, caminando solo con su correa sin que nadie dijera nada. Como por arte de magia me regresó la fe por los europeos que dejan entrar a los perros a los trenes y aeropuertos como personas, sin tener que usar jaula. Después de eso dejé de llorar y le escribí a Eray para pedirle ayuda, él es el pobre desafortunado que me va a llevar a Pamukkale y Capadocia a quien le he mandado 18977 mails preguntando por restaurantes desde hace 4 meses.

 

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En la sala VIP para los de primera clase

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La maleta rota

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A Estambul

 

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