22 de marzo 2016 – Bagan

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No dormí nada porque en vez de pedir un taxi en el hotel quedé con un taxista de la calle para que pasara por mí a las 4:30 am. Neta me estuve pendejeando a mí misma por qué si el taxista no llegaba iba a estar en serios pedos. ¿De dónde iba a sacar un taxi a las 4:30 am?

Pos total salí del hotel y ahí estaba el taxista con cara de dormido tallándose los ojos. Me dejó en el aeropuerto en donde no tenían ni báscula para pesar la maleta, me pegaron una estampa que identificaba mi vuelo y pasé seguridad. Ahí, junto con otra almas confundidas esperé mi vuelo, 5:30 me llamaron para ir treparme al avión, que era de esos minis viejitos, me quedé dormida pero desperté para desayunar porque con eso de que no aceptan los dólares mejor como cuando haya.

Llegué a Bagan y compartí taxi con 2 chavos de Hong Kong, en el camino al hotel fuimos viendo templos de ladrillo desperdigados por todos lados, es una ciudad encantadora. Llegando al hotel resulta que según yo ya estaba pagado, pero siempre no, es el pedo de Agoda, te hace meter tu tarjeta de crédito en cada reservación, pero luego hay unos en donde no cobra y hay que pagar en el hotel, entonces CACA, si de por sí estoy corta de dólares, ahora peor.

La mejor forma de moverte aquí es en unas como bicis-motos eléctricas, yo le tengo medio miedo a las motos, pero no hay de otra, renté una por 6 USD y sintiéndome muy chucha me fui a la aventura sin ver el mapa.

Si, ajá, obvio a los 5 minutos estaba completamente perdida, un señor con su longyi me veía pasar y pasar como león enjaulado obvio cayéndome cada 35 segundos y teniendo que bajar la pata para no irme hasta el piso. Yo actuaba súper cool “claro que se a donde voy” pensaba, CLARO que no tenía ni puta idea, no tenía ni el control de la mentada moto vaya.

Ahí, tambaleándome, fui a dar a un lugar lleno de arena, un perro salió corriendo despavorido porque casi lo atropello, la moto se atoró, salí volando y aterrice en el piso hecha un polvorón. Me levanté en chinga para descubrir que había sido el show mañanero de 5 birmanos que me observaban desde las sombras, todos paraditos ahí con sus longyis viéndome fijamente como búhos.

Por fin dejé mi pinche orgullo y saqué el mentado mapa, y ahí fui a seguirlo, el problema de la app que estoy usando es que es muy buena pero te manda por caminos que nada más no. Vi frente a mí una subida terrible de terracería y no me quedó más que ir hacia allá. La “moto” no daba para esos trotes, con el acelerador al máximo iba yo como tortuga, me sentí Mr Bean, ahí, encaramada en la moto esa diciéndole que por fa subiera como si fuera un caballo. Para completar mi ridículo una señora birmana pasó en chinga con su moto real y hasta volteó hacia atrás mientras me rebasaba.

Total llegué a una pagoda gigante, me habían dicho que tenía que pagar 25,000 Kyats por entrar a la ciudad vieja, estuve buscando donde pagarlos y nada. Me encontré a unos gorditos gringos y me dijeron que eso te lo cobran al entrar a la ciudad, pero al parecer mi “atajo” me había librado de pagar. No supieron decirme qué hacer, nadie parecía entender mi necesidad de pagar y me fui de ahí angustiadísima porque según yo me perseguiría la policía birmana.

Ahí estábamos, mi fiel corcel y yo recorriendo caminos de tierra, sin letreros, sin personas y sin boleto. De pronto veía a algunos turistas y decidí seguirlos, así me vi en más caminos de arena que me hacían tambalearme y meter la pata que acabó llena de espinas, tierra y plantas. Ahí pude pagar por fin los 25,000 Kyats, me aceptaron 20 USD que no me habían aceptado antes en ningún lugar (es cuestión de ir buscando gente con estándares un poco más bajos esto de los dólares) y me puse a trepar.

Subes miles de escalones y llegas a la punta desde donde puedes observar Bagan en todo su esplendor. Esta es sin duda tierra santa y estoy enormemente agradecida de estar aquí. Sentada ahí pude ver las miles y miles de construcciones de ladrillo rojo, también hay otras con las puntas doradas o unas más cuadradas y blancas con diseños intrincados. Todo esto rodeado de árboles verdes y tierra café, extendiéndose hasta donde alcanza la vista. Me senté en silencio durante un rato, estaba muy tranquilo, cuando un camión con turistas llegó supe que era tiempo de irme. 2 italianas y un portugués que estaban ahí también optaron por salir por patas, y nos pusimos a platicar.

Juntos visitamos el siguiente templo, tranquilo y feliz, todos tienen un Buda enorme en la entrada y algunos escaleras diminutas y oscuras por las que subes al segundo piso, arriba otro Buda nos esperaba, era un lugar tranquilo y fresco en donde nos sentamos a platicar los 4, Luce es de Florencia, Giada de Milán y Julio de Lisboa. Estuvimos sin prisa hablando de tonterías a veces callados observando por la ventana los templos de Bagan.

Quería seguir explorando y chance ir al baño, así que me fui a un restaurante que me habían recomendado, a los 10 minutos de haber llegado llegaron ellos también, nos sentamos juntos. Como la carne de Myanmar me enfermó horrible y al parecer no soy la única, decidí ser vegetariana en este viaje, comí unos espárragos y una ensalada y tomé jugo de mango delicioso, al final he llevan unas mini obleas de tamarindo y me comí como 6 paquetetitos.

Decidimos irnos los 4 a seguir explorando pagodas y templos, el siguiente fue Ananda, un templo gigante sencillo por dentro e impresionante por fuera, parece algo Indio, blanco e increíble. Lo recorrimos mientras Luce nos contaba la historia del lugar leyendo su guía en voz alta. Es inmenso , no puedes mas que sentirte pequeña y humilde al recorrerlo.

Recorriendo caminos imposibles entre arena y arbustos espinosos llegamos a la siguiente parada, una pagoda dorada al centro con muchos altares al rededor. Ahí nos estaban esperando como 10 chavitas vendedoras de cuanta chingadera. Nos dieron una mariposa de regalo y nos llevaron cada una a su tienda. La que más esfuerzo había hecho por venderme tenía todo carísimo, Mu Mu se acercó a venderme collares budistas y acepté comprarle si aceptaba mis dólares rechazados por viejos. Aceptó y compré 6 collares así ya llevo regalos para algunos. Sabía que me los estaba dando caros, pero ya saben que a veces no me gusta regatear, además estaba aceptando mis dólares. La primera que me puso la mariposa se enojó y le tuve que comprar 2 collares a ella.

Total después de mil pudimos entrar al templo, estaba lindo, tranquilo y dorado, monjes rezaban mientras chavitas veían videos y cantaban, todas hechas bolita junto a la que tenía el teléfono, nos acercamos y nos dejaron ver su video felices.

A la salida Mu Mu me hizo prometerle regresar al día siguiente a darle mi maquillaje a cambio de pulseras, no hubo más que decirle que si aunque sabía que no regresaría.

Estábamos polvosos y cansados, Luce nos guió hasta el río en donde nos echamos en unas tumbonas de bambú viendo a los niños bañarse en las aguas cafés mientras sus mamás lavaban la ropa. Ahí, tomando limonada casera conocí la historia de Luce que además me contó cosas sobre el budismo que no sabía.

Es chistoso como tenemos conceptos erróneos de las personas y las religiones, cuando he tenido la oportunidad de acercarme al Islam lo he encontrado encantador e inspirador, nada que ver con esos extremistas malvados que son la imagen del islam para la mayoría, sobre los budistas tenía la idea de que eran vegetarianos y no podían hacer nada porque todo te llevaba a sufrir, pero acá pude acercarme a la gente budista no tanto a los monjes. Son hermosos y buenos, cada vez que encuentro un puestito de agua gratis para quien la necesite en su camino se me alegra el corazón, cada vez que en otro a un templo perdido en la nada en donde alguien se tomó la molestia de ir a poner incienso y flores los admiro más.

Ellos enseñan con paciencia, si estás haciendo algo irrespetuoso te corrigen con una sonrisa y hasta te dan ganas de abrazarlos, no son como otras religiones en donde solo te gritan y gritan mientras tú los observas pasmado sin entender ni jota.

Ahí estuvimos viendo el río hasta que se me ocurrió que si quería ver el atardecer, pensé que ya sería demasiado tarde, pero fuimos en chinga en las motos a tratar de buscar un lugar alto para verlo, no lo conseguimos, lo más alto que pudimos encontrar no nos dejaba ver el sol. Una perrita buena onda nos vio y subió a platicar con nosotros mientras intentábamos en vano ver un atardecer completamente tapado por los árboles.

Me hubiera encantado verlo porque sé que es hermoso, pero también creo que estas son lecciones de de vida. A veces buscamos una belleza gigante, un trabajo perfecto, una casa espectacular, creemos que necesitamos lo mejor. Pero la vida también es hermosa cuando tenemos lo simple, ahí estábamos 4 extraños con un perro intentando ver un atardecer sin éxito y encontrando la belleza en la imperfección de momento.

Ya era tarde así que nos pusimos en camino a New Bagan a nuestros hoteles. Fuimos recorriendo la carretera toda cucha llena de templos silenciosos mientras se iba haciendo de noche, en eso Luce se quedó sin pila en la moto y nos detuvimos en la orilla del camino junto a una pareja de franceses que estaban igual. Luce llamó a los dudes de la motos y en 15 minutos llegaron con una batería nueva. Los franceses se quedaron ahí solos. Es lo bueno de viajar con gente, hubiera sido terrible que se quedara sin batería sola, pero ahí estábamos otros 3 de respaldo.

Llegamos a New Bagan y después de bañarnos cada quien en su hotel, fuimos a cenar al Black Rose, arroz frito con verduras para todos, con una cerveza de casi 700 ml. Platicamos sobre Myanmar, sobre el mundo, los terroristas, la guerras, la política, la pendejez humana y la vida en general. A las 11:00 cierran todo aquí así que nos fuimos cada quien a su hotel, mañana nos veríamos 5:30 para ir a ver el amanecer.

Amé Bagan, el aire de esta ciudad huele a Jazmin, amé sus pagodas tranquilas y desperdigadas por todos lados, amé a su gente alegre y ayudadora, su tranquilidad que pronto dejará de existir en cuanto esto se llene de turistas y se vuelva Ankor Wat. Amé estar aquí ahora que todo está relativamente tranquilo, y me siento muy triste porque sé que cambiará y ya no podrás encontrar templos solitarios para ver el amanecer, y se llenará de guardias para protegerlos de los turistas irrespetuosos que rayan sus paredes, te prohibirán subir, y no podrás meditar en silencio. Sé que su gente cambiará y empezará a vernos a todos con signos de dólares como en Camboya. Es lo malo del turismo masivo, gente sin educación viaja y vuelve todo una cagada. Pero agradezco haberlo podido conocer hoy, cuando apenas está empezando a cambiar.

Me fui a dormir con un sentimiento agridulce, quisiera que nada cambiara por aquí, pero al mismo tiempo me da mucho gusto que por fin haya democracia en este país que ha sufrido tanto, que por fin abran sus fronteras por completo, que disfruten del bienestar y la libertad que tanto merecen, aunque con eso pierdan una parte importantísima de su esencia. Espero de todo corazón que no se vuelvan oportunistas y amargos, que conserven su bondad y su sonrisa, que sigan siendo gente buena que deja agua gratis en las calles y te grita “Mingalaba” al pasar.

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La Fille terrible de la comida, comer es mi pasión desde que tengo memoria, me gusta descubrir sabores nuevos que provoquen orgasmos.

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