23 de marzo 2015, Estambul

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Hoy me quedé de ver a las 8:00 en la mezquita azul con mis nuevas compañeras de viaje. Cuando llegué aún no estaban ellas y al verme sola un monito fue a presentarse y a invitarme un café, nunca me he sentido tan guapa como en Turquía se te acercan hombres a cada paso. A los pocos minutos llegaron Juliana, Mónica y Micaela y nos trepamos al tranvía dejando al ligador atrás. La mejor y más rápida forma de transportarse en Estambul es ésta, la ciudad es enorme y el tráfico desquiciante, sólo hay que usar taxis para los trayectos a donde el tranvía no llega, y si te mueves en la ciudad vieja donde está la Mezquita azul puedes hacer casi todo caminando. Llegamos Kabatas, de donde salen los ferries para el lado asiático, nos trepamos al ferry y cruzamos. El día estaba nublado, llegamos al otro lado a las 8:30 muertas de frío y desayunamos frente al mar para después caminar viendo hacia el lado europeo entre bruma.

Visitamos varias mezquitas porque nunca dejan de sorprendernos: en la última a la que entramos, el señor que la cuidaba fue muy tan feliz de tenernos ahí que se empeñó en darnos un tour. Nos hablaba y hablaba en turco sin fijarse que no entendíamos nada, al ver su entusiasmo nos rendimos y sólo asentíamos felices mientras él echaba su discurso. Como no encontramos que más hacer en el lado asiático nos regresamos al europeo, pensábamos ir a Dolmabahçe pero estaba cerrado y sólo nos tomamos fotos en la puerta. Dolmabahçe es de los últimos palacios que se construyeron, tiene una mezcla de estilo turco con francés que lo hace sorprendente. Lo que más impresiona son sus candiles. ¡Para la próxima vendré!

Les había contado a Juliana, Mónica y Mica de Ortakoy y a todas se les antojaron las ​Papas rellenas ¡Y allá fuimos! Hay muchos puestos, cuando por fin te decides por uno, sacan la papa del horno, le quitan el relleno le ponen queso y mantequilla y hacen un puré calientito, después regresan eso a la papa y empiezas a escoger qué le quieres poner: cous cous, aceitunas, pepinillos, salsas y mil cosas más. Las comimos con té turco viendo el Bósforo y platicando de los próximos planes.

Juliana quería ir a Taksim, al llegar nos tomamos fotos en la plaza y nos pusimos a recorrer la calle con rumbo a la Torre Gálata. Los turcos están muy orgullosos de esta calle, porque están todas las tiendas cool, (no se emocionen, encontrarán GAP, H&M y cosas así, nada de Gucci y Prada). El río de gente que recorre Taksim te va llevando, pero hay que tener cuidado con los señores que bolean zapatos, si se les cae algo nunca se los regreses porque te van a querer dar una boleada de “agradecimiento” y luego ¡chaz!, te cobran. Hay también grupos de niños que te rodean y tratan de bolsearte pero mientras camines derecho agarrando bien tu bolsa y sin pararte a hacerles caso, estás seguro.

Entretiendasdescubrimos​ÇiçekPasajı (queanteseraunlugarendondevendíanflores,hoy hay puros restaurantes) no está tan interesante pero si te fijas en la calle de atrás hay tiendas y puestos de frutas, conservas, pescados y comida turca. Vale la pena darse una vuelta por ahí, le eché el ojo a unos mejillones y los apunté en mi lista mental, tendría que regresar el 28 a probarlos.

Taksim es increíble: hay un trenecito que recorre la calle que esta toda decorada con banderolas de colores y banderas turcas. Son muy patrióticos aquí, por todos lados tienen su bandera ¿Y cómo no? ¡Si es hermosa! Además de las tiendas de ropa, esta calle está llena de vendedores de helados que gritan “AIS CRIMMMM” con acento turco y cara coqueta;; con cada grito sacan todo el helado de su recipiente y lo zangolotean en el aire para antojarte. Me gusta Taksim, es ruidosa y colorida, conforme te acercas a la Torre Gálata las callecitas se van haciendo más estrechas e interesantes, comienzan a aparecer puestos de jugos, tienditas de ropa, cafés y restaurantes modernos, es como la Condesa o Roma en México.

Tengo que contarles que los puestos de jugos turcos son la cosa más linda del mundo: naranjas, toronjas y granadas son acomodadas en hileras de colores mientras un juguero se dedica a exprimir la fruta al momento. Pedí uno de granada y vi con los ojotes abiertos como con cada exprimida iban sacando un líquido color rosa mexicano.

Entre tiendas de lámparas y pulseras, llegamos a la torre Gálata en donde conocí ayer a Antonio. Nos trepamos muertas de frío —a pesar de que entrar cuesta 25 TL, lo que me pareció un abuso— pero ya estábamos ahí y estaba empezando a llover. Arriba tomamos fotos de Estambul y nos imaginamos cómo sería vigilar si llegaba algún enemigo. Corrimos como locas para no mojarnos y llegar a tiempo a la cisterna basílica comenzada por Constantino I y terminada por Justiniano, la última parada del día de acuerdo al plan. Es impresionante ver las filas y filas de columnas perfectas con agua en el fondo que te ofrecen una vista insólita. La iluminación anaranjada es alucinante. Hay una especial que tiene un agujero, se supone que tienes que meter el dedo y darle la vuelta a la mano, cada vuelta es un deseo. Yo pedí poder seguir viajando así.

Saliendo de ahí Juliana tuvo que dejarnos porque la esperaba su esposo;; Micaela, Mónica y yo caminamos al Gran Bazar bajo la llovizna. Entras a aquel monstruo y te pega en la cara una ola de gritos: vendedores se pelean porque vayas a su local, personas se empujan, señores insisten en probar que sus vasos turcos son los más resistentes y se paran sobre ellos. Es un show continuo este lugar en donde los precios varían según tu habilidad para regatear y la ubicación de los puestos. Mientras más adentro y complicado el acceso, más baratos los productos. La verdad no me gustó, se me hizo un Pericoapa caro y lleno de turcos ligadores, no

había nada diferente al bazar de las especias y todo tenía menos encanto, desilusionada abandoné a mis amigas ahí para ir al hotel a descansar un rato.

Mientras intentaba dormir pensé que amo Turquía, me encanta estar en esta ciudad llena de mezquitas y cordero oloroso, de baklavas y gente con prisa, de regateadores y perros felices, de gatos con derechos y de llamados a la oración. Ugur me estuvo marcando al cuarto interrumpiendo mis pensamientos, me hice güey y no contesté. No tengo gran interés en él, se me hizo lindo que me llevara a cenar pero de ahí a ser su novia, como pretende, hay un paso gigantesco.

Pedí un Uber que tardó siglos en pasar por mí, el tráfico es en verdad horrible pero en la noche es buena opción usar esta app, lo cargan a tu tarjeta y sale casi igual que los taxis de la calle con el plus de que son puras camionetas Mercedes y no te hacen menso, porque ¡cómo son transas los taxistas si te ven turista!

Total, entre que son peras y son manzanas, llegué a ver a Antonio tarde, sin haber cenado y muerta de hambre. Cuando supo que no había comido nada puso cara de indignación, me pescó de la mano y empezó a caminar con pasos gigantes mientras Alex y yo lo seguíamos. En eso se me aparecieron los mejillones callejeros que ví en la tarde y me paré en seco —¡Quiero eso!— le dije. El vendedor los va abriendo, les pone limón amarillo y te da la concha, así vas comiendo uno por uno. Están rellenos de arroz y son una delicia. Disfruté cada bocado con cara de niña chiquita y el corazón feliz. Acabé de cenar, Antonio, me dio un manotazo para que no sacara mi cartera y pagó.

A este hombre le vale sorbete que yo no entienda turco, caminaba con pasos de gigante discutiendo con Alex de asuntos que parecían de importancia mundial, en eso, Alex tomó otro rumbo y nos abandonó. ¿Y Alex? Pregunté con sorpresa, hagan de cuenta que le hablé a la pared, siguió caminando hasta entrar a un bar y me sentó en una mesa. Como no toma, yo pedí un Jack Daniel’s y él agua. De pronto me di cuenta de que nunca lo vi probar bocado ¿Tú no comes o qué? Le solté de sopetón. Sólo se me quedó viendo con los ojos esos que quién sabe qué signifiquen. Me empezó a hablar de su vida, de su abuela enferma y sus ganas de no vivir en Berlín, estaba yo bien feliz platicando cuando ¡SÁCATELAS! Hizo la pregunta que todos sospechábamos que iba a hacer.

—¿Me puedo quedar contigo en tu hotel? —No.
—¿Por qué no?

—Porque no voy a llevar a mi hotel a un tipo que acabo de conocer y que aparte no come—.Otra vez puso cara de indignación

—​Honey​, tú no eres para una sola noche—. Y empezó a hacer una rosa con la servilleta para darme un regalo ligador.

Se la quité diciendo —Yo puedo hacer mejores rosas que tú, y también conozco mejores frases que esa para ligar—. Le di la rosa ya terminada, se levantó, sacó su libreta y la acomodó entre las páginas para acordarse de mí, según él.

—¿Qué te digo? Soy un hombre de negocios: no invertiría 2 noches en ti si no quisiera algo más;; por eso ayer te di un beso en la frente, eso sólo se hace con las personas importantes.

Me le quedé viendo con cara de circunstancia —Yo también soy una mujer de negocios, y no regalo mercancía valiosa sólo porque me estén regateando 2 días.

Soltó una risa turca, como de niño chiquito, y en eso me puse a pensar en las risas: los turcos no sueltan carcajadas, se ríen cortados, como si tuvieran hipo. Siento que no se saben reír.

—Bueno— me dijo —¡Vámonos que mañana te despiertas a las 4:00! Prométeme que te vas a cuidar en Antalya, no hables con extraños, usa siempre el gas pimienta y júrame que no vas a coquetear con nadie. No me conoces, soy alguien muy loco y si me pongo celoso quién sabe qué pueda pasar.

Le dije que sí a todo, igual que chingados va a estarme controlando desde Estambul un turco que apenas conozco. ¡Pos éste! Me dejó en mi hotel, me dio un beso en la frente y me deseó suerte en mi próxima aventura.

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Santa Sofía

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Ferry rumbo al lado asiático

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Gato turco en los cafés que dan al mar

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Estambul, lado asiático

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El señor de la mezquita que hablaba y hablaba en turco

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Palacio de Dolmabahçe

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Palacio de Dolmabahçe

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Palacio de Dolmabahçe

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Palacio de Dolmabahçe

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Ortakoy

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Mezquita de Ortakoy

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Papas rellenas de Ortakoy

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Mezquita de Ortakoy

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Gato en restaurante bien campante

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Taksim

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Taksim y sus banderolas

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Çiçek Pasajı

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Calle junto a Çiçek Pasajı

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Calle junto a Çiçek Pasajı

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Mejillones turcos

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Puesto de comida turca

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Tienda de conservas, Estambul

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Sent Antuan Kilisesi, o San Antonio de Padua

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Callecitas cerca de Galata Tower

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Puesto de jugo de granada, Estambul

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Jugo de granada

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Gálata Tower

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Estambul desde la torre Galata

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Estambul desde la torre Galata

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Estambul desde la torre Galata

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Las Cisternas, Estambul

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Mica en la columna donde pides deseos

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Restaurante de kebabs

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El gran bazar, Estambul

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El gran bazar, Estambul

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Antonio comprándome mejillones

 

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