24 de maro 2016 – Mandalay

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Llegué del aeropuerto a Mandalay en un camión de 3 dólares, la ciudad se fue revelando poco a poco. Extrañaba Bagan, y apenas llevaba 3 horas fuera de ahí. Mandalay es un caos de motos, coches, ruido, basura y calor. Llegué a mi hotel atendido por una señorita buena onda, reservé un tour para quien sabe qué cosa, y salí a explorar la ciudad.

Mapa en mano me topé con un cuadrado gigante, en el centro estaba el palacio real rodeado por un canal de cómo 30 metros de ancho. El agua resplandecía bajo la luz del sol. A la mitad del chingado palacio real me di cuenta que la había cagado. Jamás llegaría a la entrada viva, el calor era insoportable y en mi cabeza caminar 6km a 40 grados era cool. Pos no, no es cool, está de la chingada. En eso estaba pensando cuando me abordó Mun He. Mun he solía ser maestro pero un día se puso a repelar contra le gobierno represor y ahora no tiene trabajo. Con su sonrisa roja y dientes rotos, me echó un discurso anti gobierno tan convincente y apasionado que me acabé subiendo a su taxi pirata para dar una vuelta a la ciudad. Según Mun He no debo gastar dinero en este pinche gobierno, “no vayas a los museos, en el Palacio te van a decir que no puedes ver nada y solo vas a entrar a un cuarto que no vale la pena, y en el monasterio que se jodan, diles que no les vas a dar tu dinero y qué prefieres gastarlo en la gente” por muy convencida que estuviera de que Mun He tenía la razón, no creí prudente ponerme al tú por tú contra el gobierno militar, mejor opté por no ir al mentado monasterio para evitarme la pena de decirle al guardia que no alimentaría al gobierno.

Mun He es vivaracho, no se lleva con los birmanos porque es muy grosero y cuenta chistes negros, todo el camino me fue contando su repertorio de chistes.

Soy Mun He y no tengo cerebro, necesito comprar uno así que fui a China les pregunté cuánto costaba el cerebro de su presidente, 2000 USD dijeron, muy caro pensé y no lo compré
Fui a Tailandia, pregunté lo mismo 3,000 USD dijeron, muy caro pensé y no lo compré
Fui a Alemania, ahí costaba 5,000 USD, muy caro también, no lo compré
Fui a EU costaba 7,000 USD, tampoco lo compré
Regresé a Myanmar e hice la misma pregunta 20,000 USD respondieron. Lo compré
Mun he, me preguntaron ¿por qué compraste el cerebro de presidente de Myanmar si es el más caro?
Simple, respondí, es un cerebro nuevo, jamás se ha usado.

Explotó en una risa desdentada y roja, ruidosa y feliz, mientras manejaba. Le dije que le robaría el chiste porque en México tenemos el mismo problema. Se rió todavía más.

Te voy a contar otro chiste, pero solo si no eres enojona. Le dije que no era enojona y se talló las manos de gusto.

Mun He se quiere casar, pero solo con una mujer que fuera virgen para que lo aceptara a pesar de su fealdad, así que fue a una aldea y encontró a las 3 mujeres más bellas.

Fue con la primera y le dijo, quiero mostrarte lo que es el amor. Ella respondió, el amor duele mucho, ya lo conozco

A la segunda le fijó lo mismo, y ella respondió, eres feo, no quiero saber de amor contigo

La tercera muchacha respondió ¿qué es el amor? Mun he le dijo -si quieres saber lo que es el amor, cásate conmigo y yo te enseñaré- se Casaron y Mun He le enseñó lo que era el amor. ¿Esto es el amor? Dijo ella, lo había conocido muchas veces con mis amigos escondida en el bosque.

Mun He soltó una carcajada entrecortada como con hipo y yo me reí de su risa. Así siguió contando chistes y tirándole al gobierno, hasta que llegamos a mi destino, ahí, sacó un cartón y dibujo otro chiste para que se lo cuente a quienes toman mis tours, apuntó su teléfono y se despidió.

Yo, sola y acalorada me puse a caminar por las distintas pagodas, las de aquí son distintas porque afuera tienen miles de construcciones puntiagudas y blancas que adentro guardan una estela con letras birmanas, la verdad es que si están muy bonitas las pagodas pero después de ver 689 durante mi viaje ya las empiezo a ver iguales a todas, recorrí esa, otra con torrecitas iguales blancas y puntiagudas y sin saber que más hacer me trepé en la parte de atrás de una moto, me puse un casco flojo que no servía para nada, y fui a mi hotel a dormir.

En la tarde salí a comer a un restaurante rarito que tenía un pez gigante y boludo, mietras caminaba por la calle me topé con una banda de niños de 5 años, eran comandados por una niñita con pelo corto, todos chamagosos caminaban decididos por las calles, como mafiosos miniatura, llegaron a una tienda de esas que ponen música afuera para atraer clientes (igualito que en México) y se pusieron a bailar todos ahí, la niñita cerraba los ojos y levantaba el puño mientras brincoteaba, se veían felices que daba gusto, me dio mucha ternura verlos a todos descalzos, sucios, con la ropa rota baile y baile felices de la vida, porque la música es suficiente razón para ser feliz. Después de ver a la mini banda me puse en camino al Mandalay Hill, el taxista moto me dijo que me cobraba 4,000 Kyats por llevarme hasta arriba, cuando llegamos resulta que estaba cerrada la calle y el puto igual me cobró los 4,000 Kyats aunque se había ahorrado la mitad del camino. Son 45 minutos de caminata a la cima, me dijo un señor. Pos ya, ahí estaba, ni modo que no subiera.

Conocí a unos viejitos alemanes y empezamos la subida juntos. Una escalera ancha llena de gatos dormidos nos llevaría a la cima, los gatos muertos de calor duermen estirados panza arriba, los perros igual, en los templos los alimentan así que no tienen nada que hacer más que dormir y rascarse las pulgas. Cada cierto tiempo llegábamos a una plataforma con 4 Budas en cada lado, gente rezando, flores e incienso y más escaleras por subir, creo que pasamos 45 de esas plataformas, subiendo esquivando gatos lacios, seguidos por vendedoras de postales y agua que trataban de hacernos comprar algo.

Cuando pensábamos que ya habíamos llegado, resulta que no, había que volver a subir y ahí nos quedamos paradores en una como bodega vacía y sucia gigante, sin entender nada dimos vueltas como maytes hasta que alguien nos dijo que debíamos seguir subiendo por unas escaleras escondidas, y ahí súbele y súbele como 789 escalones 40 minutos después llegamos a una pagoda enorme en la cima de la montaña. Toda está decorada con espejitos y pintura de colores, los Budas resplandecían mientras la gente les rezaba, había un como carrusel con ollas de barro y gente dándole la vuelta tomando de cada una, el atardecer llegó tranquilo, nada muy dramático, oculto por la bruma y el polvo.

Un taxi moto me cobró 3,500 Kyats por bajarme hasta el hotel, ahí tenía planeado ir al Mercado nocturno, pero me entró un sueño fatal y me quedé dormida hasta el día siguiente.

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La Fille terrible de la comida, comer es mi pasión desde que tengo memoria, me gusta descubrir sabores nuevos que provoquen orgasmos.

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