25 de marzo 2016 – Mandalay

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A las 8:00 en punto baje a la recepción después de haber desayunado arroz, ahí me esperaba un guía nervioso que me explicó que el tour costaba 18 USD pero que tenían gastos extras de 22 USD más, o sea total salía como en 40,000 más propinas y otras cosas. Me enojé pero igual no podía hacer nada más, si no iba me quedaría un día más en Mandalay que ya me la conocía, así que acepté. Jos un holandés que iba en el tour también aceptó el nuevo precio y fuimos a recoger a un viejito alemán que no tuvo más remedio que también aceptar. Ahí es donde neta el turismo es Caca, engañan a la gente y todos salen enojados.

Min el guía estaba súper angustiado y no sabia como contentarnos, después de un rato se nos pasó a todos, al final no era su culpa sino de la empresa de tours. Pasamos junto a un Mercado lleno de bomberos, se había incendiado el día anterior con un saldo de 2 muertos. Al preguntarle más detalles a Min resulta que eran gatos, amo que cuenten a los animales entre las víctimas de una tragedia. Obvio, como en todo tour que se respete paramos en un taller de madera, bordado y títeres. La verdad si está impresionante como tallan estos dudes, los relieves ultra detallados y los bordados divinos con lentejuelas. Pero no tengo 1,000 USD para gastar en un pedazo de madera con Budas ni 500 USD por un cojín lleno de dragones brillantes.

La siguiente parada fue un monasterio famoso en donde viven miles de monjes, entramos a ver sus salones de clases y su comedor, en eso vi a varios bañándose ahí, con la gente pasando y tomando fotos. Sus hábitos estaban colgados secándose al sol, y ellos caminaban lento descalzos, podías ver algunos monjes grandes con estudiantes hincados junto a ellos en señal de respeto, perros y gatos lacios dormían en la sombra, todos alimentados por los monjes y la comunidad. También habían nidos para los pajaritos que los monjes construyen como donativo para la naturaleza, y algunas miles de personas ayudando en las tareas diarias del monasterio, generalmente familiares de los monjes.

El guía nos contó las reglas de este monasterio que son básicamente comportarse bien, caminar con propiedad, siempre estar limpio, tener buen corazón, mantener la buena disciplina del monasterio, estudiar y aprender y cosas así. Los monjes tienen rutinas súper pesadas, se despiertan temprano a meditar, tienen que salir con sus platos redondos a pedir limosna para su desayuno (comen lo que la gente les sirve a cada uno en su plato) y luego meditan más, a las 10:00 es su lunch, y última comida del día. Min nos llevó a un pasillo donde la gente se acomodaba como para ver un desfile, monjes serios quitaban a las personas de la calle y les pedían mantenerse en la banqueta, los pinches chinos los desobedecían y se ponían en la calle esperando con sus cámaras quién sabe que. Empecé a perder la calma y a decir en voz fuerte “No se pueden parar en la calle, es una falta de respeto no obedecer las reglas” cada vez lo decía más fuerte esperando que los pinches chinos lo escucharan. Es que no saben cómo me ponen estas cosas. Puedo matar a alguien por esto.

Total empezaron a salir los monjes, Iban a ser las 10:00 y se estaban formando con su plato redondo, su taza, y una servilleta para pasar al comedor. En ese momento vi que todos estábamos ahí para tomarles fotos mientras los pobres caminaban a su desayuno. Chiquitines menores de 7 años vestidos de blanco, los mayores de rojo, todos en fila viendo al frente con cara de angustia soportando a los 569 turistas que los acosaban con sus cámaras.

Al verles las caras me dio un ataque y me puse a llorar desconsolada, el guía preocupadísimo fue a ver qué me pasaba y yo nada más no podía ni hablar. Me sentí muy mal de estar interrumpiendo la vida de estos monjes, de que tuvieran que soportar ser tratados como animales en un zoológico, de que la gente como loca les pusiera la cámara en la cara. Neta banda ¿que foto van a sacar ahí? Monjes caminando con cara de angustia llenos de patas de turistas frenéticos atrás. Que puto horror, ahí estaba yo volteando hacia otro lado, con Min junto a mí sin saber qué hacer, llore y llore, un señor birmano se me acercó a ver si estaba bien, y Min le explicó lo que me pasaba. Parecía estar de acuerdo conmigo pero no podía evitar querer el dinero de los turistas maleducados. Los monjes por el contrario, se veían perturbados, son hombres con una disciplina increíble, una paz y un amor fuera de este mundo, eligieron dedicar sus vidas a eso, y ahora tienen que soportar a los putos turistas maleducados que no tienen tacto ni respeto por las personas, que tratan a los países que visitan como un freak show, que jamás se sientan a platicar con nadie o a tratar de conocer más allá de su puta foto, como si fueran una chingada botarga de Mickey Mouse. Yo hasta a los perros a los que les tomo fotos voy y acaricio un rato. Con el corazón confundido y la cabeza a punto de explotar, me senté a esperar que todo acabara.

Pos total salimos de ahí hacia otra pagoda, esta era toda blanca y gigante, ahí vimos un árbol que se estaba cayendo y los monjes construyeron una columna para sostenerlo, porque ayudar a los árboles también es necesario para esta gente hermosa. Nos trepamos al coche rumbo a otra pagoda en la cima de una montaña, desde arriba se veía al ciudad llena de puntitas doradas y una como muralla serpenteante que recorría las montañas.

Ahí Minh nos enseñó un Buda gigante brillante y feliz lleno de platitos de comida, esta comida sería después para los pájaros, porque no sólo alimentan a los gatos y perros, también a los pájaros, a las ardillas, a las ratas, dejan cuencos con agua para que los animales puedan tomar, para que las personas sedientas siempre tengan agua fresca y hasta ayudan a los árboles a no caerse. El Buda estaba rodeado de cajas con donativos. Cada caja es para una cosa específica, que si para el agua que se deja en las calles, que si para los foquitos del Buda, que si para las flores, que si para los pájaros, cada quien decide a que caja donar y todas están atascadas de dinero.

Min nos enseñó una piedra de los deseos, tienes que pedir un deseo, si la levantas y es ligera tu deseo se cumplirá, si es pesada CACA. Pedí mi deseo y la levanté, fue ligera, Jos pidió el suyo y fue pesada. Quería ver qué tan cierto era pidiendo un deseo tonto como “quiero ser Mariachi” pero me dio miedo que la piedra fuera ligera y tuviera que pasar mis días cantando Cielo Rojo con una trompeta en el Tenampa. Mejor me quedé con la duda, total, mi deseo verdadero si se cumpliría.

Bajamos de ahí a comer, el lugar era un restaurante desvencijado, nos sirvieron un
plato con papas, otro con cerdo en puro aceite, jitomate como en salsa con sardinas, habas medió machacadas y una sopa, todo con arroz y al centro un plato con mangos verdes, pepinos y menta. Min nos enseñó a comerlo, teníamos que ir mezclando todo con el arroz y luego sumergir un pedazo de mango verde en una salsa de Chile e irlo comiendo, una mordida de mango, una cucharada de la mezcolanza de arroz con todos los platitos. De postre Sandia fresca, acá es así siempre el postre es fruta. Conocí a un perro café y le estuve compartiendo mi comida, los cabrones no comen más que carne, dejó las papas y el arroz, ahí estuve mendigando comida de todos para poder tener carne suficiente para el perro.

Al terminar de comer nos trepamos a una lancha que nos cobró 1,000 Kyats por persona, nos cruzaron el río en donde nos esperaba una carreta tirada por caballos. No fui muy feliz con eso pero no había otra opción, ahí fuimos rebotando en un camino mal hecho, me agarré con todas mis fuerzas para no salir volando. El camino estaba lleno de árboles, campos de arroz, perros y pagodas, llegamos a un lugar en donde tuvimos que pagar 10,000 Kyats por entrar, era un monasterio todo hecho de madera. Columnas enormes se elevaban para sostener un techo oscuro. Monjes caminaban tranquilos por ahí, el calor era insoportable. Nos volvimos a trepar al mentado caballo que nos fue a botar a otra pagoda llena de Budas de piedra, ahí un niño me estuvo persiguiendo para que le comprara una pipa o postales, el pobre le echó tantas ganas que le di un dólar como regalo.

Otra vez nos trepamos al caballo que se paró en medio del campo para que le tomáramos fotos a una torre vieja, yo no tenía ni el menor interés en tomarle fotos a esa cosa pero el guía estaba muy indignado porque no nos emocionamos, así que le tomé fotos, otra vez nos hicieron bajarnos para ver la torre desde abajo, otra vez nos treparon al caballo que nos llevó a un monasterio increíble, la construcción amarilla clara ya está un poco deteriorada, pero recorrerlo es muy bonito, Min iba por todos lados tratando de tomarme fotos, no soy de las que ama posar pero lo dejé porque estaba muy emocionado.

Nos volvimos a trepar al pobre caballo que nos dejó en el río, pagamos 10,000 Kyats y seguimos nuestro camino. En la orilla del río Te Te una niña hermosa con Thanaka y flores en el pelo comía plátanos con sus amigas, nos ofrecieron y dijimos que no. Te te habla un poco de español, me dijo mucho gusto y siguió su camino del otro lado del río. Como tip si llegan a venir a Myanmar traigan maquillaje, yo siempre trigo monedas y billetes para darles a los niños, pero acá les vale, te lo aceptan y luego tratan de cambiarlo por Kyats con otros turistas. En cambio el maquillaje las vuelve locas, yo no traía más que un chapstick y se lo di, me sonrió como si le hubiera dado un millón de dólares.

Cruzando el río nos sentamos a tomar un café y el alemán le trató de tomar una foto a unos monjes sentados, el monje enojado le dijo que no le tomaran fotos, que si quería le tomara al Puente o al paisaje. Me amigué del monje en ese preciso instante y estuve diciéndole que tenían que hacer algo para protegerse, con el nuevo gobierno se abrirá más y más Myanmar y si hoy es insoportable para ellos. En un futuro que todos los turistas vengan con sus faltas de respeto y prisa se van a querer morir. Acepten turismo le dije, pero sean estrictos, pongan reglas, ni los dejen hacer lo que se les de la gana, protejan sus tradiciones y a su gente le dije preocupada. Me sonrió y me dijo que tratarían. Este monje tiene solo 23 años, según él es viejo, lleva en el monasterio 16 años. Se fue despidiéndose con una sonrisa. Al voltear a la izquierda me encontré con Mun He y su cara felizota, me saludó con la mano, diciendo que no quería interrumpir, le extendí la mano para hacer un hi5 y se murió de risa mientras nuestras palmas chocaban. Min viéndome con ojos de borrego me decía “tienes don de gente” a lo que respondí que no, que los birmanos son hermosos y es fácil quererlos.

Min nos llevó al famoso Puente que sale en todas las fotos para ver el atardecer, caminé por ahí sobre sus tablas viejas y enclenques mientras un sol redondo y naranja se ponía en el horizonte, bajé del Puente para tomar unas fotos. Monjes y birmanos caminaban por ahí viendo el círculo naranja esconderse, algunos turistas merodeaban haciéndose selfies, barquitos se alineaban frente al Puente con turistas y otros más sentados en un restaurante en la orilla del lago tomaban cocas Frías. Cuando el sol se metió subí al Puente para encontrar a Min.

Ahí un monje budista con sonrisa roja y pocos Dientes me saludó. Cuando le dije que era de México me pidió tomarme una foto porque era la primera Mexicana que conocía, me puse ahí frente al Puente mientras me sacaba fotos con su celular nuevecito. Nos sentamos en una banca y me contó su historia, pasó 5 años en la cárcel del 2000 al 2005 por escribir contra el gobierno. En Myanmar no existían los defectos humanos, fuimos víctimas de violencia y represión, el gobierno nos quitó todo. Él se ordenó monje budista justo saliendo de la cárcel, su esposa había muerto y no tenía ninguna razón para vivir, lleva 11 años como monje, sus hijos aún lo visitan en el monasterio, dicen en Myanmar que a veces se es monje cuando no se tiene suerte en la vida, él trató de borrar los fantasmas de la tortura y violencia encerrándose en un monasterio. Hoy es feliz ahí, medita todo el día y no tiene que levantarse tan temprano. Va a ver el atardecer seguido. Por cuestiones de seguridad no puedo publicar la foto que nos tomamos juntos, tampoco su nombre ni la dirección de su monasterio a donde me invitó para que regresara un día a tomar clases de meditación.

Ya una vez tuvieron elecciones y el gobierno se rehusó a entregar el poder porque consideró que no estaban listos, en abril tomará posesión el nuevo gobierno pero aún hay nerviosismo y dudas, el miedo se entremezcla con la emoción, en todos los ojos de los birmanos se siente esa expectativa, no saben si sus sueños de libertad serán por fin realidad, pero esperan con todas sus fuerzas que los militares abandonen el poder y los dejen ser libres y felices. En solo 7 días este país cambiará y encontrará si todo sale bien, una vida mejor. Espero de todo corazón que esta gente hermosa obtenga eso que tanto quiere, porque lo merecen, porque no he conocido mejores seres humanos en este planeta, porque corazones así de grandes no mereces vivir oprimidos por gobiernos mezquinos y rateros que acumulan la riqueza y tienen al país muriendo de hambre. Es más, no sé ni siquiera si es seguro para mí estar escribiendo esto mientras estoy en Myanmar, pero pues ya, mi mamá que me conoce sabe que si algo me pasa algún día va a ser por andar de mitotera en contra de la injusticia.

Min me pidió que por favor no publicará nombres ni fotos en mis redes sociales y es justo lo que estoy haciendo, regresamos en silencio, min había pagado cosas con su dinero para que estuviéramos felices, él, sumido en la pobreza, pagaba cosas para nosotros que venimos de una vida cómoda y feliz. Fui haciendo cuentas para regresárselo al final. Me agregó a Facebook y me despedí de él dejándole una propina gigante más los gastos que había hecho para nosotros, Jos hizo lo mismo.

Me dormí cansada y feliz después de cenar una ensalada de pasta transparente, al día siguiente compartiría taxi con alguien que iba a aeropuerto, las del hotel nos juntaron para que nos saliera más barato.

Dejó Mandalay con una sensación agridulce, es la ciudad menos bonita y más agresiva pero la que más riqueza humana me ha regalado, conocí gente hermosa, lloré por el avance del turismo, vi un atardecer lindo, platiqué, abrí los ojos, se me apachurró el corazón por la generosidad de Min pagando con su propio dinero, Mandalay podrá ser medió fea, pero me dejó la mejores lecciones, lecciones de amor incondicional, de respeto a la naturaleza, lecciones de monjes alimentando ardillas y preocupados por darle agua a los pájaros, lecciones de árboles sostenidos para que no cargaran su peso solos, lecciones sufrimiento, le lucha, de dignidad, de resignación, lecciones de cómo encontrar la felicidad y paz a pesar de todo. Gracias Mandalay, ha sido un gusto conocerte.

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La Fille terrible de la comida, comer es mi pasión desde que tengo memoria, me gusta descubrir sabores nuevos que provoquen orgasmos.

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