28 de marzo 2015, Estambul

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Mi plan para este día era ir a un Hammam o baño turco y de ahí seguir mi día pero Yisus tuvo otra idea y estoy en esos días sangrientos así que no se pudo lo del Hammam. Siempre digo que los planes de Dios son perfectos por eso no me angustiaba haberme perdido el baño turco. Era mi último día y tenía dinero extra porque me regresaron 100 euros del vuelo en globo, quería gastarlos en cosas de ahí, regalitos y cosas lindas, contenta y ligera

me puse a caminar rumbo al Bazar de las Especias.

Compré muerta de risa negociando con los comerciantes volteándoles sus trucos hasta hacerlos decir —¿De dónde saliste y por qué sabes tanto?— Nunca me había dado más gusto decir “​I’ve been around you know?​ ” Sintiéndome Frank y haciéndolos reír todavía más. Sentí el corazón inflado y feliz al regatearle a estos hombres y reírme entre las especias, las propuestas indecorosas, las declaraciones de amor súbitas y los gritos. ¡Ay, Turquía, cómo te voy a extrañar! Pensaba

Caminé y caminé viendo la ciudad, tratando de guardar en mis ojos hasta el más pequeño edificio, mezquita y turco que pasaba, tomé un café en un lugar que daba a la calle, olí las flores y metí la mano a las fuentes para sentir el agua fría. En ésas estaba cuando se me apareció un fulano mientras me tomaba una ​selfie,​ por fin aprendí a usar el mentado palo ese sin poner cara de idiota y este mono arruinando la foto. ​Kerem era la cara misma de la coquetería: estaba bien vestido y perfumado y caminaba con actitud de conquistador. Se acercó a platicar, cuando vio que era turista me dijo que me llevaría a la tienda de su familia, confiada, como siempre, acompañé al ​dude.​ Llegamos a una tienda de tapetes gigante, yo no sé cara de que me vieron pero me fueron a sentar con el dueño ​himself​ y ahí me botaron.

Estábamos sentaditos con las manos en las rodillas tratando de disimular la incomodidad el turco dueño y yo, a veces nos volteábamos a ver con cara de “¿Y ora qué?” Luego entendí que era una forma de medir fuerzas. Sin saber bien qué hacer, de pronto me fijé en la alfombra que tenía atrás y me acordé de ella.

—Ésa ha ganado premios, es de seda y si no me equivoco debe andar por los 100,000 USD— le dije muy segura y fufurufa.

El güey abrió los ojos como platos y sorprendido decidió darme el beneficio de la duda. —¿Qué quieres comprar?— Me dijo.

—¡No pues de querer todo! De poder nada, ni pierdas el tiempo conmigo que yo soy más pobre que los gatos que andan aquí merodeando.

Se me quedó viendo con esos ojos que tienen los turcos y después de un rato concluyó —Yo no trato directo con la gente porque es perder el tiempo pero contigo creo que la plática es una inversión, se ve que eres una mujer chingona. ​Resulta que tiene muchos negocios en México, entre ellos restaurantes y casinos. Quiso saber si necesitaba trabajo porque cree que podría hacer mucho dinero con él y le dije que si me venía a vivir aquí lo ​buscaría. Me contó que él es sufista y cree que Dios está dentro de nosotros, no sé cómo brincamos de Dios a mí porque de la nada se soltó diciéndome todas mis verdades como si me conociera de toda la vida. “Eres una persona muy alegre y tierna, no entiendo por qué te empeñas en mostrarte agresiva y mala con las personas cercanas”, y sí, tenía razón, en algún momento aprendí a mostrarme mala porque era más ​cool​ que ser una cursi.

Me cayó esto como balde de agua helada porque en los últimos meses estuve viendo a un güey de Seattle y él me decía que le gustaba estar conmigo porque siempre me estoy riendo, y ahí fue cuando me di cuenta que a veces al mundo le muestro una cara que no es la verdadera, chance porque siento que es más padre ser enojona. ​Varol, el dueño ​himself,​ no sabía que en cada iglesia y mezquita me había puesto a rezar para pedirle a Yisus que me quitara esa idea pendeja de tener que ser agresiva o mala ante la gente y que me deje a mí ser como soy, que casi siempre es muy feliz. ​Después de llevar medio viaje pidiéndole eso a Dios, viene este mono a decirme esas cosas y me deja pasmada. No les voy a contar todo lo que dijo sobre mí para no aburrirlos porque si no esto va a ser una sesión con el psicólogo y ustedes lo que quieren es saber sobre Turquía pero el caso es que mejor pasamos a su oficina porque ya había pasado mucho tiempo y quería vigilar a los empleados con las cámaras.

Estábamos tome y tome café y hable y hable de las diferencias entre los hombres turcos y los mexicanos, cuando soltó —Tú lo que necesitas es a un hombre turco, esos mexicanos sin huevos nada mas no te terminan de convencer—, y yo no pude estar más de acuerdo. ​De pronto empezamos a hablar de las pasiones y los vicios. —Tú no compras ni joyas ni lujos, no te interesa lo material, ¿Cuál es tu vicio? —La comida—, contesté entusiasmada, y comenzamos a hablar de pozole, tacos y cocina, me aconsejó meterme a clases y poner un restaurante porque traigo en la sangre a una artista de la cocina y sólo tengo que encaminarla bien. Es chistoso, ya una vez una señora que lee el tarot me dijo exactamente lo mismo. ​La plática dio un giro y me preguntó sobre Turquía: que me suelto a llorar como una loca porque no me quiero ir, Varol se levantó para abrazarme y decirme que es muy bonito que sea yo tan sensible. Pa’ cuando acordé estaba llorando abrazada a un perfecto desconocido que me sobaba la cabeza como si fuera yo un cachorro, rodeada de tapetes y cámaras de seguridad. Me pidió mi teléfono y me dijo —No te olvides de mí, porque yo no me voy a olvidar de ti, voy

en agosto al DF. Y quiero que sepas que si hago negocios allá, te voy a buscar primero para que trabajes conmigo porque tienes un corazón sincero y sabes luchar.

En la mañana había quedado en ver a Antonio a las 12:00 por andar de platicadora ya iba 46 minutos tarde, así que salí corriendo prometiendo escribirle a Varol. Llegué al hotel inventando alguna historia para justificar mi tardanza y ahí estaba en la entrada, paciente con su café y su sombrero. Antonio es el tipo de hombre que sabe perfectamente qué quiere, hacia dónde va y cómo le gustan las cosas. No estoy acostumbrada a personas como él;; en México los hombres dudan de todo, nunca pueden tomar una decisión y se la pasan angustiados tronándose los dedos. ​Yo soy normalmente independiente y no le ando pidiendo opinión a nadie, pero a veces cansa ser así, es refrescante encontrar a un hombre que no me está haciendo preguntas tontas, averigua qué quiero y con eso decide, hace y guía. Básicamente con él puedo sentirme segura. ​Apenas lo conozco pero puedo confiar en que a donde me lleve estaré bien, no sé cómo le va a hacer pero se encargará de que todo salga perfecto. Cuando caminamos por la calle va quitando a la gente que se me atraviesa, cuida mi bolsa, me tapa si ve que tengo frío, me da de comer si tengo hambre, me espera si me tardo, me carga la botella de agua y todo con una sonrisa.

El hombre turco es muy diferente al hombre latino desobligado: aquí saben que su papel es el de proveer y proteger;; y no lo confundan porque no es machismo, es tener claro su rol y ejercerlo, dándote tanta seguridad que lo único que quieres hacer es tener claro tu propio lugar y hacer lo que te corresponde. ​En eso pensaba mientras tomaba café con él, de pronto se oyó un ruido muy fuerte seguido de gritos. Una camioneta había atropellado a un vendedor ambulante y era aquello una tragedia, traté de no asomarme y mejor me distraje hasta que me dio hambre, le dije que quería comida turca, turca. Se tomó en serio mi petición y me llevó a un barrio de mecánicos. ​Guney Antep Kebap Salonu ​es un changarro en donde comen ellos, ya solo tenía pizza turca de cordero, no sabía que hay que llegar tempranito si quieres encontrar de todo. ¡Pos juegue, una pizza! Ya estábamos ahí. ​Te la sirven en 4 rebanadotas, hay que ponerle ensalada adentro, limón y enrollarla como taco. Está rica y llenadora pero no más rica que los kebabs.

Antonio quería ir a tomar té en Karakoy ​junto al cuerno de oro viendo directo a la mezquita nueva, me gustó, es el plan perfecto para un sábado en la ciudad. Luego caminamos a la torre Gálata paseando por restaurantes y galerías de arte. ​En el camino conocí a Yusuf, jugaba backgammon con unas extranjeras y se dedica a hacer retratos y a leer a la gente. Tendrás una vida brillante, me dijo mientras me daba la mano. ¡Los turcos son todos tan ​lindos!

En la torre nos encontramos con Siri y Alí, amigos de Antonio: ella es noruega, él iraní y están comprometidos para casarse. Con ellos regresamos al lugar del té y los hombres se pusieron a

jugar ​backgammon mientras Siri y yo platicábamos de la vida y acariciábamos perros. La tarde pasaba tranquila junto al mar tomando café turco entre perros y gatos paseadores. ​Decidimos ir a Taksim a buscar comida, en eso andábamos cuando se nos atravesó un museo, nos metimos a ver que había y era una exposición muy ​creepy de cuerpos enterrados en el mar, bajamos al segundo piso y sabe Yisus por qué acabamos en una conferencia televisada en vivo sobre teatro. Seis expertos debatían en turco, Antonio los observaba atento, Siri y yo nos veíamos perplejas, mientras Alí que sólo habla persa ponía su permanente cara de interrogación. Por la actitud de Antonio pensábamos que era aquello algo interesantísimo hasta que por fin pregunté: resulta que estaba muerto de la hueva. Antes de soltar la carcajada por haber estado horas ahí, mejor nos salimos.

Antonio nos quería enseñar un lugar especial y nos llevó a ​The Marmara Taksim​, el bar de este lugar tiene la mejor vista de la ciudad. Me hubiera gustado sentarme a tomar ahí pero no quisieron. Vimos embelesados Estambul de noche y corrimos a comer porque ya teníamos mucha hambre. ​Llovía en la ciudad, Antonio me puso su chamarra y como él es gigante parecía yo un lumpen, pero es mejor eso a tener frío, cenamos en ​Kirvem Ocakbaşı, ​un restaurante de barbacoa con el mejor cordero que he probado. ​Te lo sirven en brochetitas y si reservas y tienes suerte te puedes sentar junto al fuego a ver cómo lo van asando. Lo llevan a la mesa con unas tortillotas y verduras, me contaron que el cordero que comes aquí no tiene ni un día muerto, es carne súper fresca y se nota en cada delicioso bocado.

Saliendo de cenar Siri y Alí se despidieron, quedé en venir a su boda en Estambul y cerrándole el ojo a Siri le dije —Qué bueno que es tu boda, así tengo una razón para volver—. Antonio hacía muina por el comentario y ella y yo nos reímos como locas. ​En eso, al 67 cigarro que prendía Antonio, me empezó a entrar la urgencia de ya no estar con él, es muy buena onda y todo pero yo y el cigarro nada más no nos llevamos;; ya me empezaban a dar ganas de estar sola de nuevo sin humo ni celos a mi alrededor. ​Le pedí que me llevara a mi hotel y me trajo cabizbajo, se despidió triste porque dice que hace mucho no estaba tan feliz, quiere que me mude a Estambul y que vivamos aquí juntos pero que necesito un guardaespaldas porque coqueteo con todos y eso no le gusta.

A mí me parecen muy bonitos planes pero no quiero estar atada a un hombre, quiero ver el mundo y hacer mi vida sin tener que rendirle cuentas a nadie más que a Mateo (mi perro) no es nada en contra de él, es que mi corazón necesita cosas diferentes al matrimonio y los hijos. Me dio un beso en la frente, sabiendo que probablemente nunca nos volveríamos a ver, aun así quedó de escribirme siempre e irme a visitar, ambos sabíamos que no pasará pero es más bonito despedirse con promesas de ese tipo.

Libre de Antonio voy a ir a decirle adiós a Estambul: a sus flores, a sus gatos acariciables y a sus miles de mezquitas, estoy preparada para llorar como Magdalena mientras lo hago. El próximo destino es París y no siento emoción, no quiero dejar Turquía, todo lo que me aleje de este país me estaba provocando sentimientos feos.

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Doctor que cura con sanguijuelas

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El bazar de las especias

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Mi desayuno de ese día, amo el café turco

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Hagia Sophia

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Yo con mi selfie mientras Kerem stalkea

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La tienda de Varol

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Antonio y la pizza turca

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Cafés junto al mar

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El del gorrito verde es Mustafá el que lee a la gente

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Backgammon EN karaköy

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El museo rarito

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La conferencia de prensa en vivo

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La vista desde el Marmara Hotel

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La vista desde el Marmara Hotel

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Brochetitas con el mejor cordero del mundo

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Taksim de noche

 

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