28 de septiembre, Marrakech

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Despertamos temprano para ir a conocer Marracheck, trepados en un camión que costó 4 DH llegamos a la Medina. Visitamos unas tumbas divinas llenas de gatos que jugueteaban entre los muertos, todas rodeadas de árboles lindisimos, arbustos de romero y rosas. Moulay Ismail trató de destruir todo lo anterior a él incluidas estas tumbas, pero como era un sacrilegio, optó por rodearlas de bardas inmensas para que nadie lo pudiera ver.

También fuimos al palacio de un primer ministro que era gordo y chaparro, tenía a sus 4 esposas legales y a como 160 ilegales. Es horrible esto de las ilegales, las hacían comer polvo de oro para impedir el embarazo, obvio eso no lo impedía y si se embarazaban tenían al niño y ellas eran o ejecutadas o sacadas del harem. El Niño era criado como esclavo para que nunca supiera su origen y tratara de reclamar el trono. Las mujeres legales también podían pasar a ser ilegales si el hombre quería, o simplemente se divorciaba de ellas. Las mujeres divorciadas eran puestas en un mercado en donde otros hombres podían casarse con ellas si querían.

El palacio es hermoso como todo en Marrakech, lleno de plantas que contrastan con el azul del cielo y el rojizo de sus paredes, techos increíblemente labrados hacen que voltees hacia arriba permanentemente, aquí los mosaicos son menos impresionantes que en otras ciudades. Salimos de ahí hacia la Medina, recorrimos puestos y puestos de todo, maletas increíbles, chanclas padrísimas, pantalones harem, mascadas, tapetes, alfarería, madera, collares y pulseras. TODO es desbordante, te aturdes de ver tantas cosas juntas, no sabría que comprar, como que aquí aplica el efecto cheerleader junto se ve hermoso, separado pierde su encanto. Los vendedores son rudos y mal encarados, tienen reglas estúpidas para venderte más a la fuerza, la mayoría de las cosas son falsas y baratas, hay que regatear y no dejarse impresionar por el color.

Como me caen mal decidí no gastar en ellos ni un centavo, solo compro comida y ya, pero nada de especias, ropa o cosas. No pienso contribuir a que sigan siendo unas cacas. Todas moríamos de hambre, ya estamos hartas de los desayunos de pan y mermeladas y casi no desayunamos, los marroquíes comen 230 kilos de pan por persona por año, es un montón, neta quiero un detox de pan regresando. Pos fuimos a buscar restaurantes, preguntando a los policías si sabían de un buen lugar típico, me mandaron a KFC, es lo que les digo, son malas personas, no te ayudan, tratan de chingarte. Holly tiene una guía de viaje y en ella recomendaban un lugar, fuimos ahí.

El lugar es modesto, mesas largas para competir cubiertas de plástico te reciben, el menú es baratísimo, de no creerse, es claro que hemos sido estafados con menús de 100 DH, pero pues eso se gana uno por ir en un tour. Pedimos todo al centro, ensalada marroquí, pollo con limones confitados, brochetas de cordero, papas fritas. ES UNA PINCHE DELICIA. Estoy muy contenta, neta el pollo era para abrazarlo de la felicidad, una cosa perfecta y deliciosa, las brochetas asadas con pedacitos carbonizados y acompañadas de cebolla morada picada, de postre naranjas con azúcar y canela y unos dulces marroquíes. Por todo fueron 45 DH por persona con todo y bebidas y propina.

Era el último día de Rachel y Holly así que hicieron cita en un hammam, las demás fuimos a recorrer la Medina. En la plaza antes de entrar al mercado hay de todo, señores con cobras drogadas, changos vestidos para tomarte fotos, marroquíes típicos que te cobran por tomarles fotos, señoras que hacen henna y que si no les haces caso le insultan. Una hasta nos gritó Fuck you, a lo que respondimos con una carcajada y señas con el dedo. Los vendedores son rudos, no es como en Estambul que usan todo su encanto para convencerte, aquí comprar es una tortura porque si se te ocurre ver y no llevar nada te insultan y te corren, quería unos dulces que amo y no me querían vender más que la caja, a fuerza te ensartan todo lo que pueden, en Fez me vendían uno sin pedos, aquí no.

Vi a todos los turistas felices, aceptando el maltrato como si fuera normal, tomándose fotos con los changos, sonriendo con los posadores profesionales. Caminando llegamos a la parte de las especias, aquí son un poco más lindos, jaulas al sol llenas de camaleones te reciben, los venden por nada, pobres animalitos sin saber que hacer lastimándose sus patas con estos barrotes, se les ven sus caras tristes de prisioneros que no comprenden por qué ahora tienen que vivir aquí, si antes corrían libres y dormían bajo el sol para calentarse.

Todas los tiendas tienen las especies en montañas, pero no hay que comprar esas, siempre compren las que tienen en frascos para que conserven sus aromas. El aceite de argan inunda todo, el té marroquí con menta también, todos tratan de convencerte de entrar a su tienda y una vez adentro te untan cuanta madre se les ocurra para hacerte comprar. Caminé por ahí sin ganas de comprar nada hasta que fue tiempo de regresar al hotel. Un camino lleno de caballos apestosos te saca de la Medina hacia la calle principal, nos fuimos caminando Sam Laurena y yo, se nos ocurrió inventar un idioma para hablarlo cuando alguien nos molestara, todos te molestan vendiéndote algo, tratando de transarte, o haciendo platica que sabes que conducirá a una estafa. En Marakech hay que tener cuidado, los coches son un peligro, se te avientan aunque tu tengas el paso, motos pasan veloces sin consideración alguna aunque haya peatones les vale, tienes que esquivarlas o morir, y neta estuvimos a punto de morir varias veces.

Me dormí una siesta larga y bajé para ver a las niñas, íbamos a cenar en la Medina en los puestos callejeros. Caminamos bajo el cielo azul de Marrakech viendo nubes impresionantes que creaban diseños llenos de luz al encontrarse con el sol, las nubes son majestuosas, enormes, blancas con dorado, naranjas y rosas, azules y grises, nubes que cubren el sol y te dejan caminar con frescura.

La plaza de noche es un constante griterío, los puestos tienen números para identificarlos, señores que tratan de llevarte a comer con ellos diciéndote de todo, que si pan gratis, que si aquí tenemos alcohol, que si no les cobramos las bebidas, pero la mejor es sin duda: comida limpia, no diarrea.
Nos sentamos en uno a comer harira una sopa espesa de jitomate con pasta, frijoles y otra cosas para espesarla, acompañada de pan y unas pastillas de pollo, ricas pero muy necesitadas de mas sazón. Fueron 12 DH por persona. Queríamos brochetas, nos sentamos en otro lugar y no quisieron vendernos sólo 2 órdenes. Nos levantamos indignadas, en el centro de la plaza están estos weyes que venden brochetas, berenjenas, pastillas y algunos cordero en trozos, lengua de cordero y cabeza, en las orillas de un lado los de caracoles y del otro los de postres.

Pedí un plato de caracoles, casi todas se animaron a agarrar un animalito y sacar con un palillo al bicho viscoso de su concha, solo comí 3 y los dejé para que alguien más los probara. El puesto mas lleno era el 32, lleno de marroquíes y humo, nos paramos ahí y pedimos una orden de salchichas para todas, el señor no entendía que queríamos comer paradas, después de 5 minutos de discusión nos dio el plato. Duraron 2 segundos, están deliciosas, grasosas, perfectas, estoy enamorada. Pedimos otras 2 y unas brochetas de cordero que te sirven con pedacitos de grasa gloriosos. Fueron otra vez 12 DH por persona.

Era hora del postre, los puestos con recipientes de cobre para té y pedacitos de pasteles chocolatosos te reciben, 5 DH el té y 5 DH el pastel. El té sabe a la primera mordida de un paquete de 4 chicles Canel’s de canela. Es fuerte y oloroso, pero rico, con leche sabría mejor. El pastel es rico pero empalagoso, todas dejamos la mitad. Rachel compró un jugo y yo dátiles y regresamos caminando al hotel. Los jugos son lo mejor aquí, recién exprimidos de naranja, toronja o limón (si, neta se toman el jugo del limón) están fríos, fríos y saben a gloria con este calor.

Caminando encontramos una fuente, nos paramos junto a ella abriendo los brazos para que nos cayera la brisa llena de gotitas, el regreso fue tranquilo con un clima tan perfecto que no lo sientes, no necesitas suéter ni tampoco un ventilador, estas completamente a gusto. Me gustan estos climas.

Marrakech es como una prostituta, bonita pero falsa, todo es un montaje, todo está listo para la foto, es barata pero a la vez cara, sabes que no puedes confiar en ella, lo que sea que compres es probable que no sea original y que te estén viendo la cara. Marrakech es agresiva, está llena de una gente loca y acelerada, es una ciudad que vibra un ritmo diferente que el resto de Marruecos, en donde la gente ha aprendido a amedrentar a los turistas, a hacerlos sentir terror si no pagan los precios exhorbitantes que se inventan según su humor, en donde buscan transar y abusar.

La gente se compra el circo con alegría, y por eso es que lo hacen. Creo que aquí te das cuenta que la belleza exterior y la pose no son realmente bellos, ese constante fingir, ese constante tratar de impresionar, ese buscar agradar y ser agresivos si no se consigue hacerlo, el quiéreme a fuerza porque si no te va a ir mal es lo que caracteriza a Marrakech y a veces siento que a mi me pasa eso, vivir tan públicamente te vuelve propensa a hacer cosas que a veces no son las que te dicta tu corazón, te vuelve agresiva, te quita la humildad, te hace querer agradar y cuando no lo consigues entonces te enojas, sin embargo es mucho más bonita la belleza tranquila que se ve en la montaña, en donde sólo se limitan a ser sin tratar de impresionar, ahí no tratan de ser queridos, no tratan de que los admires, ni buscan nada de ti. Sólo viven como se los dicta su corazón y por eso son tan hermosos y dignos de amor y respeto. También aprendí que no importa lo feo que parezca algo siempre tiene su lado bonito, por ejemplo aquí comí la mejor comida que he probado en Marruecos. No todo es blanco y negro hay muchas tonalidades de grises.

Marrakech me ha enseñado una valiosísima lección, bien dicen que no podríamos apreciar la felicidad sin la existencia de la tristeza, a veces necesitamos vivir estos contrastes para valorar y para cuestionarnos a nosotros mismos. Todo lo que se cruza por nuestro camino es un espejo en donde nos reflejamos para poder observarnos, si no tuviéramos esas cosas jamás podríamos ver lo que necesitamos ver, es como cuando te sale un grano, tu solita no te enteras y vas por la vida con tu grano gigante creyendo que te ves hermosa, pero si tienes un espejo puedes ver la imperfección, y tratar de maquillarla en los peores casos, o hacer algo para sanarla y hacerla desaparecer erradicando el problema.

Viajamos para encontrarnos, para conocernos, para abrir nuestro corazón y nuestra mente, para crecer y para ser unas mejores personas, viajamos para entender, para abrazar a otros corazones, para darnos cuenta que en todos lados los humanos tenemos los mismos anhelos y necesidades, las mismas tristezas y alegrías, sólo maquilladas con diferentes paisajes, viajamos para comprender que lo que pasa en México y lo que pasa en Marruecos o en cualquier otro país es lo mismo, y por eso no debemos ser indiferentes ante la desgracia de alguien aunque esté en un lugar muy lejano, viajamos para ser tolerantes, para ser agradecidos, para aprender sobre empatía, sobre compartir, sobre respetar, hoy agradezco a Marrakech porque me enseñó algo que necesitaba ver.

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