29 de marzo 2015, Camino a París

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Decidí pasar mi último desayuno en Estambul con un perro turco. Lo acaricié, me siguió y nos hicimos amigos. Era un perro grande, grande, con ojos de sabiduría y carácter tranquilo.

Estuvimos caminando por ahí, hasta encontrar un lugar en el que nos sentamos, los meseros me dijeron merhaba (hola en turco) y querían correr al perro, tuve que decirles que le dijeran merhaba también a él, que era mi amigo y se sentaría en la mesa conmigo. Los meseros le dijeron merhaba muertos de risa. Él pidió pollo, yo café y baklava, comimos lento, los perros de Turquía no tienen hambre, así que disfrutan la comida.

Acabamos y seguimos nuestro camino, yo llorando, él en su mundo de perro. Ya al final me pescó de la bufanda y no me dejaba ir, nos despedimos rápido para no hacer las cosas más difíciles.

Adiós Estambul, siempre te voy a extrañar.

 

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Fuente Turca en Estambul

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La mezquita azul

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La mezquita en todo su esplendor

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Mi amigo el perro y yo desayunando

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Café y baklava

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Si ponen atención verán que conocí a este perro en mi segundo día en Estambul

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La foto del adiós

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No me quería dejar ir 🙁

 

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