30 de marzo 2015, París

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París y yo no estamos conectando. La ciudad es bonita pero inaccesible, con sus calles grandes y su gente con prisa, hay un sol que no calienta y un aire congelado que no para de soplar. ​Pasé a La Madeleine a prender una velita que me habían encargado;; de una vez le prendí una a mi familia, a Mateo y una a ustedes que me están leyendo. La iglesia está muy bonita y me tocó casi sola. Habiendo cumplido con la misión, caminé rumbo al río y vi de lejos el arco del Triunfo y la Torre Eiffel. ​Desayuné un croissant y un chocolate y se me hizo chistoso que aunque el chocolate ya es dulce te traen azúcar extra. Por todos lados hay desayunos americanos pero me da la impresión de que son horrendos, mejor me limito al pan con café.

Anduve merodeando hasta que me dije a mi misma “Deja de sufrir y regresa al depa por más capas de ropa”. Tengo el pase de museos por 4 días, ya abrigada decidí usarlo e ir de una vez al Louvre antes de que la Semana Santa lo llene de turistas. ​¡Oh, por dios! La fila para entrar sin boletos era infinita, compren siempre su boleto antes, yo entré en chinga pero no me sirvió de mucho, porque ya que estaba ahí y me quedé como lela pensando ¿Ahora qué hago?

El museo es gigante y es fácil perderse, hay miles y miles de piezas, siento que las tienen más por acumularlas que porque les tengan un cariño especial, es como decir “Mira mundo tengo un chingo de cosas aquí y tú no, Turún-Tun-Tun” ​Fui a ver a Van Eyck que me gusta mucho desde que tomé clases de pintura en prepa, es padrísimo que le ponga tanto detalle a sus cuadros. Para mi es el “Dónde está Wally” de su época pero en obra maestra. Hasta las líneas del mármol del piso son perfectas, las montañas a lo lejos, la ropa y los bordados. No había nadie viéndolo y estuve ahí un buen rato. ​Seguí caminando hasta que llegué a la parte de Napoleón, este espacio escupe lujo: las lámparas ostentosas, los techos saturados, el oro por todos lados, pero siento que es igual que el museo, todo exagerado.

Me perdí hasta toparme al Código de Hammurabi, esa estela que contenía no sólo la reglas sino también un poco de la historia de Babilonia. Me pareció muy simpático el apartado sobre el divorcio:

Si una mujer deja de querer abrazar a su marido y se le investiga y no ha andado de loca por ahí, puede tomar su dote y regresar con sus papás, si sí ha andado de loca, se le avienta al río​.

Eran reglas simples que para su época podrían parecer justas pero imagínense medir todo así sin tomar en cuenta pequeñas sutilezas. ​También hay una ley para los albañiles: si no hacen la casa bien y se cae y mata al dueño, los podían matar a ellos;; si mata al hijo del dueño, les mataban a su hijo. Ojo por ojo, diente por diente. Esto me parece adecuado, hay muchos arquitectos que construyen con las patas y no hay consecuencias. ​Obviamente no vi la Mona

lisa, nunca encontré la estatua de Ramsés (si la quería ver porque soy muy fan de él y de chiquita estudie mucho su vida) y decidí salir tomar aire fresco.

Ando de ala caída, no termino de conectar con París, desesperada, compré unas fresas con chocolate y me dije a mi misma “Estos cabrones parisinos no te van a vencer, tienes que aprender a encontrarle el encanto a París”, con fresas en mano me puse en camino.

Fui a Montmartre esperando ver el lado más amable de la ciudad, está lleno de ​sex shops​, vi un Hammam, y pensé “¡Órale chance puedo hacerlo aquí!” Saludé con un ​“Merhaba” al de la entrada y se me quedó viendo con cara de caca así que supuse que eran turcos falsos y que además esto no era un Hammam de verdad sino uno medio porno, me imaginé la escena y mejor seguí de largo. Quería comer mejillones con papa fritas (mi eterno antojo aún en México), entré al primer lugar que se me cruzó, sentada en la ventana pensé que me gusta que aquí no escatiman en nada, te traen una orden gigantesca que me comí feliz. Con la panza llena estuve explorando la zona, todo es muy bonito pero pues no, no logro enamorarme aún. ​Compré un éclair de chocolate mientras pasaba por los miles de comercios cerrados. Los parisinos son unos huevones, el domingo cierran porque es domingo y el lunes porque se les pega la gana. Montmartre está lleno de comercios indios, tailandeses, libaneses, marroquíes y turcos, pero como ya habíamos descubierto— son falsos turcos porque no responden cuando les dices “Merhaba”​.

Regresé al depa a dormirme una siesta y a ver a qué restaurante voy a cenar. En Turquía casi no comí porque andaba del tingo al tango y no necesitaba comida, la misma ciudad te alimentaba;; aquí, voy a necesitar comerme todos los ​èclairs del mundo para recuperar la alegría porque, hasta el momento, para mí París no tiene alma y si sí llegó a tener algún día se le murió por culpa de su aire congelado. ​Después de una siesta enorme me fui a cenar comida china al ​Mirama​, está a 40 minutos de mi depa a pie, hay que pasar por Louvre y cruzar el Sena para llegar. ​Y ahí iba cuando me topé con Notre Dame de noche, se ve hermosa junto al río, me quedé un rato viéndola, habían muchos perros y personas paseando bajo el influjo mágico de esa iglesia gigante y perfecta. Seguí mi camino en esta zona que es un poquito más alegre, llena de restaurantes y un poco de gente gritona, hay muchas tiendas de ​souvenirs baratos y personas comprando llaveros de la torre Eiffel.

Por suerte llegué justo a tiempo al Mirama, me dieron la última mesa. Estaba yo rodeada de chinos felices que no hablaban inglés ni español, pedí cerdo y arroz cantonés que es realmente una delicia. Comí perdida en mis pensamientos hasta no poder más, como todo chino que se precie de serlo sirven muchísimo y para una sola persona es demasiado. Fueron €26 con todo y vino.

Caminé entre restaurantes para bajar mi súper cena, en uno rostizaban carnes en la calle y se veía increíble, vi a un turco, turco, porque le dije ​“Merhaba” y respondió muy alegre para después soltarse a hablar en su idioma. Yo le hice una mueca para que supiera que no entendía nada. Igual nos despedimos sonriendo. ​De regreso conocí a Omar, él es de Marruecos pero vivió 18 años en España y ahora se vino a París. Odia a los parisinos y dice que está muy triste viviendo aquí pero que necesita trabajar, estuvimos platicando un rato de la vida y seguí mi camino.

Tengo la costumbre de acariciar a todos los perros y más si se parecen a Mateo, por eso cuando me encontré a uno hermoso que se llama Saxo me paré a abrazarlo. Saxo me dio besos y su dueño se empezó a reír. François vive aquí pero sí es buena onda, no le gustó nada que tuviera esa opinión de los franceses y me invitó a un bar. Me prestó a Saxo para que lo paseara y no extrañara a Mat y después de dar unas vueltas llegamos. ​Pedí Jack Daniel’s en las rocas y él con coca, Saxo se sentó conmigo. Me encanta que aquí todos los perros pueden entrar a los lugares y sentarse felices. ​François es casado así que le mandó un mensaje a su esposa explicando la situación y ella respondió que ok, que ya se iba a dormir. Me contó que trabajó en bancos toda su vida y ahora decidió ser feliz y tiene negocios inmobiliarios en Florida, me gusta la gente que decide ser feliz. Creo que es una decisión de valientes en este mundo donde lo más fácil es ser una persona triste. ​Yo creo que François no había tomado en un siglo porque con medio Jack estaba pedísimo y hablando en idiomas extraños. Mejor le dije que ya nos fuéramos porque no se veía tan bien el pobre, como pueden ver en la foto.

Llegué a mi depa un poco más feliz de estar aquí, en un rato voy a Orsay lo cual me tiene muy emocionada porque amo a los impresionistas;; la primera vez que vi un Van Gogh en el MoMa estuve llore y llore. La gente debe pensar que estoy loca llorando ahí enfrente de un cuadro, pero igual no me importa. ​Mientras escribo estoy desayunando un croissant, se me hace chistoso que te sirvan baguette con mantequilla y croissant en el desayuno. Es pan y pan, como si en México te sirvieran huevos rancheros y huevos revueltos.

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La Madeleine

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Su velita

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La Madeleine

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París

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París

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El Código de Hammurabi

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Las salas de Napoleón en Louvre

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Louvre

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mis fresas Godiva

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Mejillones, papas fritas y cerveza

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Èclaire

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París

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Notre Dame

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Notre Dame

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el cerdo perfecto de Mirama

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Restaurante con rostizados

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Saxo

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François, Saxo y yo

 

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