4 de abril 2015, Roma

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Salí del depa a las 4:30 am, pedí un Uber y solo había Uber X (el barato) no Uber Pop (el ultra barato) llegó un Mercedes todo perfecto con un portugués de traje manejando. Bruno es buena onda, lleva 5 años viviendo aquí porque en Portugal no hay dinero. Me dijo que cuando regrese le hable y me lleva a antros, no está bien que no haya yo salido. Me dio su teléfono y cuando tuve ​wifi​ y lo busque en ​whatsapp​, estaba mal. Ya será de Dios si nos encontramos de nuevo.

El avión fue increíble, los de Alitalia tienen unos asientos grandes que se reclinan mucho y me fui dormida todo el camino. Llegué a una Roma nublada pero sin frío. Ya sabíamos que Roma y yo no habíamos sido amigas y no me emocionaba mucho estar aquí, dejé mis maletas en los lockers del aeropuerto y libre de equipaje tomé el Leonardo express hacia Termini, ni planeado me sale así, el tren salió a los 10 minutos de que compré el boleto. ​No sé qué me pasó pero en el momento en que el tren empezó a avanzar sentí que había extrañado Italia muchísimo, me sentía en casa, amé el camino verde lleno de amapolas rojas y llegando a Termini fue como si nunca me hubiera ido de ahí.

Fui directo por un capuchino y un pan con crema, ustedes dirán lo que quieran de los croissants y el ​pain au chocolat​, pero para mí no hay nada más rico que el pan italiano relleno de crema pastelera. Me tomé el café con la desesperación de alguien que lleva años queriendo uno. Es que el café francés es una caca pero el italiano, ¡AMO el café italiano!

Mi plan era ir al Mercato Vittorio pero nadie sabía de qué hablaba, le pregunté a un ​homeless y sólo me vio con cara de interrogación y me pidió comida para su perro. Imposible negarme a esa petición: entré a un súper y compré un paquete, se la llevé y el perrito luego, luego, fue a olerla feliz, me hizo una cara de agradecimiento que me derritió el corazón. ​Después de muchas vueltas y personas que me llevaban al súper en vez de al mercado me di por vencida y se lo encargué a Yisus. Ya si tengo que ver uno lo veré, conforme con mi decisión me puse a caminar.

De pronto Roma cobró un significado distinto, esa ciudad que no me había gustado porque no tenía alma, se me mostró con otros ojos. ​Exploré callecitas divinas llenas de edificios amarillos o naranjas desgastados, me topé con sus árboles raros que sólo tienen hojas hasta arriba y me di cuenta que Roma, como el lardo, es un gusto adquirido y yo ya lo estaba adquiriendo. ​París me enseñó que todas las ciudades tienen su encanto sólo hay que darnos chance de encontrarlo y hoy, Roma, era definitivamente encantadora.

Desde la vez pasada quería ver una exposición de Chagall, pedí informes y le di 10 minutos al camión para llegar, si no llegaba es que tenía que explorar la zona, no llegó, me compré un

gelato​, el último, del viaje y me puse en marcha. ​Seguí caminando entre gente feliz que llenaba las calles. No había chinos, sólo italianos paseando a sus perros, comprando en las tiendas y viviendo la ciudad. ​En cada esquina de Roma puedes encontrar una maravilla, camiserías, tiendas de decoración, panaderías y cafés pero lo que más me gusta son sus “Tabaquerías” porque todas tienen una barra de café chiquita donde la gente se para a tomar su ​espresso con prisa pero con gusto.

Ahí iba yo, ​gelato en mano feliz de estar aquí y de poder por fin apreciar esta ciudad cuando me topo con un mercado callejero en una plaza. ¡Cosas increíbles pasan cuando le encargas las cosas a Yisus! ​El ​Mercato di Campo dè Fiori es una maravilla;; me encanta estar entre marchantes. Estuve viendo a la gente comprar imaginándome cómo sería vivir aquí y comprar mis verduras en estos puestos, pensé qué prepararía con estas pastas y a qué olería mi casa cuando cocinara. Pastas, verduras raras y hermosas, calabazas verdes oscuro, distintos tipos de hojas, jitomates de todas las formas, colores y tamaños, aceites, especias a granel, quesos, embutidos, ¡todo huele a fresco y delicioso! ​Tenían un puesto de jugo de Granada recién exprimido como el de Turquía, se me hizo grande el corazón de felicidad.

Al final encontré la sección de flores, había todo: ranúnculos, peonias, narcisos, fresias. Después de darle muchas vueltas al asunto compré un ramo de narcisos perfectos por €5. Me encantó comprar flores aquí, me sentí mucho más cerquita de la gente. ​Y ahí anduve feliz paseando los narcisos amarillos por Roma, les tomé fotos en varias plazas, como si fueran el Gnomo de Amelie, y no podía entender por qué nadie se detenía a verlos cuando pasaba, si yo veo algo así, iría a preguntar en ese segundo en dónde los compraron.

Recorrí las calles llenas de perros paseando, los acaricié a todos, los perros italianos son buena onda, los franceses no, tienen miedo o son mamones, porque si te les acercas se alejan, los perros romanos te lamen la cara y mueven la cola, estuve acaricie y acaricie perros extrañando a Mateo.

Me estaba haciendo pipí y necesitaba ​wifi para encontrar Termini, había dado millones de vueltas y no sabía en dónde estaba, me metí a un restaurante rompiendo todas mis reglas. Nunca entro a lugares con menú en inglés, es una regla simple, en México ningún lugar que me gusta tiene menú en inglés, así que lo mismo aplica en Italia o en cualquier parte. No era algo que hubiera comprobado, esto me sirvió para ver que sí tenía razón. ​Sigan mi consejo, los restaurantes así son una caca pero igual no me importó pagar €30 por una comida mediocre aunque fuera la última del viaje, Roma hoy me hizo feliz y como pasó en Turquía, la misma ciudad me alimentó.

Me encaminé rumbo a Termini, tenía que encontrar a alguien para regalarle las flores. Pensé dejarlas en una iglesia pero luego se me hizo que a Yisus le hace más feliz ver a su gente feliz, y si se los daba a una persona ​random que tal vez estuviera triste haría más bien que dejándolas en una iglesia a morir. ​Esperé una señal para encontrar a quién dárselas pero en lo que llegaba seguí paseando, entré a una librería hermosa y me perdí entre sus libros, me gustaría saber italiano para entenderles. ​Saliendo de la librería llovía pero no fue una lluvia que me molestara como la parisina, en el camino encontré un mercado de pulgas donde un señor se me acercó y me preguntó —¿Son para mí las flores?— ​¡Ésa era la señal! Me volteé y le dije —¡Sí!— y se la di. No supo qué hacer, las agarró y todo rojo me dijo —Es mejor dárselas a una señora guapa. Llamó a un chavo que andaba por ahí y le gritó —¡Llévaselas a tu mamá!— Él, obediente se las llevó, la señora no sabía ni qué pasaba. Sonreía con sus flores amarillas en la mano y supe que había elegido bien, no hay mujer que no pueda ser feliz con unas flores tan bonitas. Sí, hombres;; no den rosas, den ramos de ranúnculos, de lisianthus, de amapolas, den narcisos, o tulipanes, den un ramo, no un arreglo, algo natural y bonito y van a ver que no hay mujer que se resista a ello. Le tomé una foto discreta a la señora porque no quería incomodar y seguí mi camino.

Junto a Termini está el ​Terme di Diocleziano​, se veía interesante por fuera por eso me metí, encontré unos jardines hermosos en los que te querías quedar para siempre. ​Ahí vi un gato, me puse a platicar con él y se restregó contra mí con esa manía obsesiva de restregarse que los gatos tienen. Se me sentó encima, me mordió, lo regañé, se fue indignadísimo, regresó a pedir perdón, le rasqué la cabeza y estuvimos un rato juntos una vez acordados los términos de nuestra amistad: yo lo rasco, él no me muerde. ​Luego se aburrió y se fue, y me fui yo también. Pedí mi último ​espresso y me trepé al camión para ir al aeropuerto, recoger mis cosas, hacer escala en Madrid y llegar a México.

Todo el camino he venido llorando porque no quiero que se acabe, pero al mismo tiempo muero por ver a Mat, es lo único que extraño, a Mateo. Lo demás no, me gusta estar viajando, me gusta la gente, los animales, los mercados y la comida. ​Aquí sentada en el camión di gracias por poder haberme reconciliado con Roma y sus perros buena onda, por haber aprendido a querer a París y sus flores y por haberme enamorado de Turquía con sus gatos acariciables.

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Plaza de la República

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Capuchino y pan con crema italianos

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El perrito y su comida

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Callecita romana

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Cantantes callejeros

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El edificiote blanco y yo nos encontramos de nuevo

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Gelato Romano

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Mercato Campo Di Fiori Roma

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Mercato Campo Di Fiori Roma

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Mercato Campo Di Fiori Roma

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Mercato Campo Di Fiori Roma

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Mercato Campo Di Fiori Roma

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Mercato Campo Di Fiori Roma

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Mercato Campo Di Fiori Roma

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Mis narcisos

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Mis narcisos en Piazza Navona

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Piazza Navona

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Mis narcisos paseando por Roma

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La Librería hermosa

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La señora con sus narcisos

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Terme di Diocleziano

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Terme di Diocleziano

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Terme di Diocleziano

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Terme di Diocleziano

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Mi amigo el gato

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Dejé activado el teléfono y se tomó una selfie el gato

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Mi último espresso italiano

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Adiós Roma

 

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