Chengdu día 1

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Mi taxi al aeropuerto me costó 415 RMB o sea como 63 dólares. Odio pagar taxis a los aeropuertos, es lo malo cuando tu vuelo es temprano, tienes la ventaja de aprovechar el día y la desventaja de no poder usar transporte público o shuttles. En fin, ya en el aeropuerto pude por fin desbloquear mis redes y ya avisé que no me había muerto en China.

Llegué a un Chengdu brumoso, pagué 10 RMB o sea como 2 dólares por mi shuttle al hotel y fui descubriendo la ciudad desde la ventana. La vibra es distinta y me gusta, siento que esta ciudad me va a encantar. Mi hotel es mejor que el de shanghai tengo un cuarto enorme con cama king, lavadora, secadora, sala, cocina, todo, y yo lavando en la regadera del hotel pasado que oso Rocío.

Salí a caminar por esta ciudad bonita que tiene un río que la cruza y le da una personalidad como europea. Solo que acá en río está limpio y puedes ver a gente pescando. Me encanta. Caminé por las calles llenas de comercios hasta llegar a una zona como de restaurantes y me senté en uno con un chino sudoroso de amarillo. Pedí unas costillas con un chingo de chiles picados y esperé en la mesa desempacando mis platos y palillos de una envoltura plástica que me dio mala espina. Llegó mi plato, estaba yo completamente sola en el lugar, una pésima señal en esta China de formones, lo mordí, me morí. Son las mejores costillas que he comido en toda la eternidad, grasosas, perfectas, crujientes, pero tiernas, con un picor perfecto. Dejé los huesos limpios, y me aseguré como 6 veces de haber comido hasta el último pedazo de esa carne perfecta. La comida de aquí es estilo Sichuan y se caracteriza por qué usan un chile como el de árbol para casi todo. De nada Chengdu, te dimos desde México tu ingrediente estrella.

Seguí caminando hasta llegar a la calle peatonal turística llena de tienditas todas lindas y chingo de comida, estuve ahí felizota pero no comí más que una madre que parece moco de King Kong coagulado y un helado, no me estaba sintiendo muy bien. Tal vez por qué dormí 1 hora y caminé 26 kilómetros ayer con una chancla pata de gallo y un converse. Tal vez. Regresé chachareando entre tiendas de chiles y de pandas (porque esta ciudad tiene un santuario de pandas al que pretendo ir mañana) y luego por el río, llegué al hotel y me eché una siesta con la pata levantada para que no me punzara.

Al despertar me fui a caminar y era justo la hora del paseo de los perros. Ver a perros pasear me da una felicidad suavecita, ahí estaban todos los dueños discute y discute con sus perros necios, viejitos caminando de la mano, señoras con sus bebés, me imaginé a Mat feliz caminando junto al río o echado en una banca mientras le rasco su panzota. Lo extraño. Se me fueron acercando perros los acaricié, les di besos, les enseñé la foto de Mateo, saludé a todos con una sonrisa y me senté en una banca a planear cosas de mis tours, los cambios que quiero hacer y los nuevos tours que voy a ofrecer, que mejor lugar que estando junto al río con sauces llorones, la luz del atardecer y muchos perros.

Decidí que quería una cerveza y me fui a buscar un lugar que vi en la mañana de chela artesanal China. En el camino me descubrí sonriendo de oreja a oreja, caminando por la calle de forma fluida, sabiendo esquivar a quienes me embestían, sonriéndole a los chinos. Me encontré al señor sudoroso de la comida y me aventó una sonrisota que me hizo devolvérsela más grande. Voy por la calle agachando la cabeza y sonriéndoles y ellos a mi y de pronto bajo la luz naranja del atardecer me di cuenta que los chinos y yo ya somos uno mismo uoooo.

Me topé con un mercado de frutas y compré las que vi raras, tienen que saber esto, las uvas aquí y los duraznos son una cosa espectacular. También me llevé unos higos inmensos y platiqué con un señor que vende nueces de Castilla, le enseñé las de México y un chile en nogada. No me entendió un culo pero me sonreía con sus ojitos rasgados y para mí eso fue suficiente. De verdad me tenía muy conflictuada odiar China porque Mulán es mi película de Disney favorita. Ahora sé que solo fue un pequeño malentendido y que ya somos cuates y nos caemos bien.

Me senté en la barra de la calle del bar de chelas y pedí una degustación, me las fui tomando despacio. No tengo hambre y al principio pensé forzarme a comer porque cómo me puedo estar perdiendo esto, y luego pensé que al final me estoy perdiendo del 99% de las cosas de la vida porque solo tengo capacidad para estar en un lugar a la vez, odio presionarme para comer o para hacer o para tachar cosas de una lista. Lo que me de tiempo haré, lo que me de hambre comeré, esto no es una competencia ni tengo que probarle nada a nadie, vine aquí a ser feliz con hambre o sin hambre, con planes o solo paseando junto al río, la vida no debería ser una lista constante, así no se puede ser feliz. Con uhh baby baby it's a wild world de fondo la noche se me pasó suavecita.

Regresé al hotel lacia después de mis 4 cervezas caminando por las calles de esta ciudad bonita, sintiéndola mía, ya no soy una extraña en China, ya me caen muy bien, ya me dan ganas de conocer más y más de ellos.

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La Fille terrible de la comida, comer es mi pasión desde que tengo memoria, me gusta descubrir sabores nuevos que provoquen orgasmos.

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