Desierto del Sahara – Merzouga 24 de septiembre

0

Salimos temprano de Middelt hacia el desierto, después de un desayuno sencillo pero feliz. Mor nos hizo detenernos en el camino, pensé que estaba loco, no había nada mas que una casita a lo lejos y campos de manzanas. Nos explicó que estábamos llegando a la zona de las Casbahs, que son fuertes con 4 torres en donde viven familias grandes, cerca en algún punto alto hay una mini construcción desde donde se vigila. Las tribus solían pelear entre ellas y así se mantenían a salvo.

Comenzamos a adentrarnos en el campo, Moh conoce a esta familia porque él es de aquí, pequeñas ranas cafés saltaban a nuestro paso, encontramos una sencilla casa abandonada donde ya no vive nadie porque ahora son pocos y es muy grande para ellos. Empezamos a oír gritos de “Salam” saludaban felices y agitaban las manos en el aire. Nos acercamos a 3 mujeres que recogían frijoles y nos hicieron la seña de que fuéramos con ellas al campo. Yo ni tarda ni perezosa con mi bota me metí en medio de las plantas.

En cuanto me acerqué la más joven y alegre me regaló un manojo de hierbas con vainas de frijoles colgando, se acercaron las otras dos a darme más, un hombre de ojos profundos vino y sacó un rábano de la tierra para ofrecérmelo. Nunca me habían dado algo tan bonito, esto es lo único que tienen, no entienden de dinero, no entienden de cosas materiales, regalan comida con todo su corazón. Te observan con su sonrisa franca y sus corazones abiertos, con esos ojos profundos que no ocultan nada pero que al mismo tiempo guardan miles de secretos.

He ido a misa desde chiquita, leído sobre metafísica, kabalah, amor, paz, espiritualidad, yoga y cuanto ustedes gusten y manden, todos hablan del amor, de compartir, de dejar el ego a un lado. Los sacerdotes predican y tienen a gente oyendo sus misas, dándose golpes de pecho, rezando, siendo “piadosos” para después salir a juzgar a todos, a ser egoístas, a tener un corazón horrible. Jamás he visto una transformación desde un altar, jamás he sentido ganas de cambiar mi vida gracias a lo que un sacerdote me dice, nunca experimenté amor y paz en San Pedro o en Notre Dame.

Pero aquí, sentí ganas de ser mejor, sentí el corazón lleno, sentí la necesidad de darles todo, no solo a ellos si no a quien lo necesitara, ningún discurso cambiará al mundo, ninguna doctrina, ninguna religión, el mundo cambiará acercándonos a este tipo de personas, que con su corazón abierto y sus sonrisas sinceras te contagian las ganas de ser mejor y de que el mundo sea un lugar hermoso para todos. Nunca me habían sentido tan agradecida y bendecida, nunca nadie me ha hecho un mejor regalo que estos frijoles y rábanos.

La carretera se volvió un espectáculo café rojizo salpicado de palmeras, el cielo ahora era gris con gruesas nubes que amenazaban con una tormenta. Todos nos preocupamos porque si llovía no podríamos dormir en el desierto. El paisaje es árido pero hermoso, los pueblos por los que pasábamos estaban todos pintados de rojo con crema, cada casa tiene una puerta hermosa, me he obsesionado con las puertas de Marruecos, pero no sólo con las elaboradas llenas de mosaicos, las que más me gustan son las sencillas, amo que en todas las casas las pintan de colores, el más popular es el verde agua. Cada vez que pasamos por un pueblito me dan ganas de bajarme a tomar fotos de puertas. Pero si lo hiciera no llegaríamos nunca a nuestro destino. Por todos lados se pueden ver personas caminando, mujeres vestidas de colores con las cabezas cubiertas caminan en grupos de 2 o 3, hombres vestidos de blanco andan en bicicleta, a veces se pueden ver palmeras cargadas de dátiles maduros y te dan ganas de pararme a recogerlos. Todo transmite libertad, estas enormes extensiones de tierra en donde el cielo se junta con la tierra al final, estos caminos intrincados, estas montañas de mil colores. Pastores cuidan a su rebaño en lugares imposibles lejos de todo, las ovejas pastan y corretean felices bajo el cielo, tiendas que venden fósiles de millones de años, señores con mascadas en la cabeza al estilo Berber.

Nos detuvimos a comer en un restaurante, los Berber come omelettes, que son recipientes de barro con huevos revueltos con jitomate, cebolla, cilantro y especias, o sea huevos a la mexicana grandotes. Todo acompañado del típico té sólo que en esta zona no tiene menta, es sólo té verde con mucha azúcar al estilo marroquí. El lugar era hermoso, plantas de granadas cubrían los techos tejidos con ramitas, frutas enormes y maduras colgaban, algunas incluso abiertas dejando ver los granos rojísimos y deliciosos. Había llovido un poco y todo olía a tierra mojada.

Teníamos que apresurarnos para llegar al desierto y poder ver el atardecer, nos subimos a la camioneta y el camino se puso interesante, manadas de camellos corrían felices en la orilla de la carretera, las nubes aun amenazaban con arruinar nuestros planes pero Moh decidió seguir adelante, de pronto, a lo lejos se alcanzaban a ver las dunas. Parecen montañas rojizas que con el sol toman tonos rosas y naranjas, enormes y majestuosas nos esperaban. Moh nos dijo que si dormiríamos en el desierto y todos nos dimos chance de alegrarnos, estábamos preocupados porque pensábamos que el plan de iba a arruinar.

Mohamed el chofer pronto tomó un camino sin pavimentar y comenzó la aventura, brincoteando nos acercábamos a las dunas que cada vez se veían más impresionantes, camellos correteaban a lo lejos y toda señal de civilización comenzaba a desaparecer. No postes de luz, no carretera, sólo algunas casas y albergues en donde se dejan las maletas para poder ir en camello a los campamentos. Llegamos a nuestro albergue y corrimos a ver las dunas, impresionantes montañas de arena roja y fina se alzaban frente a nosotros, dromedarios rumiando esperaban echados con sus ojos grandes y pestañas coquetas, después de tomar un té, nos trepamos cada quien a su camello.

Subirte a uno de estos animales es impresionante, son mucho más altos de lo que creía, Cass y Jake decidieron ir caminando, como son veganos no podían subirse los dromedarios. Es una cosa incómodísima montar dromedarios, estando arriba me empezó a entrar una súbita tristeza, los vi con sus bocas eternamente amarradas con cuerdas sin poder masticar con libertad, caminando mansos con turistas trepados en sus jorobas y pensé que es horrible que nos sintamos con el derecho a esclavizar animales así. Luego me acordé que también esclavizamos a otros seres humanos, no sólo somos así con los animales, y pensé que somos una especie horrible, que hemos invadido el planeta sin ningún tipo de respeto o apreciación, sin ningún cuidado, sin ningún agradecimiento, dando por sentado que todo lo merecemos sólo porque somos humanos y nos sentimos superiores a los animales, pero no sólo eso, también nos sentimos superiores a otros seres humanos, porque su piel es distinta, sus preferencias no nos parecen las correctas, o porque tuvieron la mala suerte de nacer en un país o en un lugar que consideramos inferior.

Montada en ese noble animal bajo nubes grises y amenazantes, recorriendo dunas rojas que parecían no tener fin, me sentí triste pero a la vez inmensamente feliz y agradecida. Said el Berber que guiaba a los camellos iba cantando y haciendo el grito Berber de celebración, con una sonrisa gigante brincoteaba por la arena, corriendo con una agilidad que me dio envidia y de pronto me regresó la fe por la humanidad, me dio gusto tener a Said y Hassan quien lo acompañaba con sus ojos profundos y sabios de Berber, me sentí bien en esa inmensidad que lejos de ser abrumadora resulta reconfortante, las dunas parecen abrazarte, cada una es distinta y tiene miles de historias que contar, tribus, batallas, historias de amor, traiciones, imaginé todas las cosas que han presenciado estas dunas, me encantaría que pudieran hablar y me contaran sus historias, estoy segura que son unas dunas muy sabias.

Mi dromedario iba a paso tranquilo, le tocaba el lomo y le daba las gracias con la mente, también le pedía perdón por hacerlo llevarme, pero con mi pata mocha no soy una persona muy ágil en este momento y no podía ir caminando. Por fin llegamos al campamento en medio del desierto junto a una duna monumental. Moh, Cass y Jake estaban en la cima esperando, debíamos subir ahí para ver el atardecer. Me quité los zapatos y la bota y me puse en camino, sabiendo que probablemente no podría caminar al día siguiente, pero asumiendo el riesgo con la total convicción de que valdría la pena.

Parece fácil subir una duna, no lo es. Te empiezas a atorar en la arena y a resbalar, la superficie es súper empinada estas como a 60 grados a veces a 45, encontré más fácil caminar hacia atrás, porque así apoyaba primero el talón en vez del metatarso, lo mejor es encontrar arena sólida así no te hundes y cuesta menos trabajo subir. Tuve que detenerme varias veces, sin aliento y con ganas de renunciar, con los músculos de las piernas y pies ardiendo y arena por todos lados. Por fin llegué, la vista valía la pena el esfuerzo. De un lado de la duna se veían unas montañas sin picos, azules y calladas, del otro lado el sol que estaba por ocultarse.

Nos sentamos todos en silencio a ver el mejor espectáculo de la naturaleza, que curiosamente es completamente gratis. Es imposible capturar tanta belleza en una foto, las cámaras son una caca comparadas con el ojo humano, opté por guardar el teléfono y mejor tomar fotos mentales, es una lastima que en vez de ver en show a travez de nuestros ojos en vivo y directo lo veamos a través de una cámara. Lo bonito de un atardecer es que cada segundo es una obra de arte distinta. El solo se iba ocultando pintando de dorado las dunas, tonos amarillos, naranjas y azules se mezclaban con las nubes haciendo de esto el cuadro más bonito que he visto en mi vida, a veces las nubes boqueaban los rayos del sol, haciendo que se difuminaran logrando efectos increíbles, no se puede ver esto y no creer en dios, me puse a llorar comprando este milagro y di las gracias por estar aquí, por tener la oportunidad de conocer estas tierras tan lejanas y tan perfectas, no cabe duda que lo único en lo que vale la pena gastar el dinero es en viajar.

Sobrecogidos por ese espectáculo emprendimos el descenso, la duna tiene 125 metros de altura, si subir es complicado, bajar es increíble, los que pueden hacerlo brincaban felices y corrían cuesta abajo, yo iba como pingüino pero como un pingüino muy feliz. Felices llegamos al campamento. Como Moh conoce a todo el mundo nos dieron un upgrade, estamos en un campamento de lujo con baños, luz y agua corriente. Mi tienda era hermosa con una cama gigante y tapetes Berbers por todos lados. Dejamos nuestras cosas y salimos a cenar.

Said sirvió té, cacahuates y aceitunas y pronto llegó la cena, tajines de carne con verduras que olían delicioso llegaron y fueron devorados por 11 hambrientas personas, al final sirvieron melón dulce y naranjas. Mor nos contó la historia de su gente. Como fueron los primeros habitantes de Marruecos y han sido discriminados desde entonces, los libros de historia oficiales les dan un párrafo solamente, muchos no tenían permitido entrar a la universidad, él mismo tuvo que fingir para poder conseguir una educación. Su nombre es árabe porque no estaba permitido ponerle nombres Berber a los niños, ahora se puede pero sólo una pequeña lista de nombres aprobados por el gobierno. Me parece horrible.

Los Berber eran paganos, adoraban a dios es de la naturaleza, al sol, a la luna y así, como los aztecas. Estaban divididos en tribus, con la llegada de los árabes de fueron replegando hacia el desierto. Los Berber son una cultura milenaria, tan antigua como los egipcios, su historia es fascinante, son un pueblo fuerte que sobrevivió a ataques de grandes civilizaciones, ni Aníbal pudo con ellos. Muchos soldados Berber participaron en las guerras mundiales, los mandaron sin tener idea de nada, vestidos con sus sandalias al frío y crudo invierno de Europa, decían que mataban al enemigo para poder robarle la ropa. Me pareció horrible que los usaran como carne de cañón poniéndolos al frente, 200,000 vidas Berber se perdieron en esa guerra. Me imagino a los orgullos jinetes Berber y me dan muchas ganas de aprender sobre ellos, si encuentro un libro lo voy a comprar si no llegando a México buscaré uno.

El desierto es muy claro en la noche, se pueden ver las dunas perfectamente aunque sean las 11:00 pm, traté de no ser antisocial y jugué cartas con el grupo, estaban jugando una madre que te hace tomar si tienes ciertas cartas, solo estuve 2 rondas porque no quería estar cruda montando dromedarios al día siguiente, ellos siguieron jugando entre gritos y risas. Yo me puse a platicar con Cass, Krystle y Beck sobre los animales, la esclavitud humana, sus próximos viajes y sobre la forma de viajar que tenemos, sencilla, sin lujos, tratando de realmente conocer la cultura y aprender sobre el país. Cass dice que no se debe confiar en alguien que no ha viajado, porque tiene la mente muy cerrada.

De pronto Sam en su peda quería ir a invadir un campamento vecino, Moh les había puesto mascadas al estilo Berber a Sam, Laurena y Jake para pasar desapercibidos, me invitaron a la invasión, Sam me nombró su líder. Por alguna razón siempre termino siendo líder de este tipo de cosas. Con el pie mal y todo me puse en marcha con los 3 Berbers honorarios y Moh, que nos veía divertido. Caminar en la noche por el desierto es INCREÍBLE. Se pueden ver las estrellas y la luna ilumina las dunas haciendo que sea fácil encontrar tu camino, la arena parece gris bajo la luz de la luna y te sientes en un sueño, así debían ser las expediciones de antes, caminando guiados por la luna, esperando que no llegaran a atacar la caravana. Llegamos al campamento, nos corrieron, nos fuimos del campamento. No hubo invasión, no hubo guerra, solo 5 locos caminantes nocturnos que regresaron entre risas a dormir. Los gruñidos tranquilos de los camellos que dormían a lo largo del camino nos fueron acompañando.

Todos sacamos nuestros colchones para dormir bajo las estrellas, me sentí completamente feliz y agradecida, y me pregunté por qué somos tan tontos y no dormimos bajo las estrellas más seguido, los Berber son tan listos y privilegiados, tienen tiendas pero prefieren dormir afuera, son personas sabias y felices estos Berber. Dormí feliz, bajo esas miles de luces que ya están muertas pero seguimos viendo. Me desperté a las 4:00 am al baño y me quedé el shock, el desierto ahora era oscurísimo, y miles de estrellas habían aparecido. Es el cielo más bonito que he visto en toda mi vida, sentí envidia de quienes pueden verlo todas las noches, puntitos brillantes de muchos tamaños tintineaban, el silencio total del Sahara envolvía nuestro sueño, me perdí en las estrellas hasta quedarme dormida de nuevo.

2015-09-25 09.22.322015-09-25 10.23.14-12015-09-25 10.27.07-12015-09-25 10.40.05-12015-09-25 10.42.192015-09-25 11.03.062015-09-25 11.47.562015-09-25 12.15.412015-09-25 12.29.272015-09-25 13.10.232015-09-25 13.31.172015-09-25 15.21.012015-09-25 16.05.512015-09-25 16.06.072015-09-25 16.21.472015-09-25 16.44.052015-09-25 17.01.032015-09-25 17.12.102015-09-25 17.12.362015-09-25 17.18.572015-09-25 17.19.552015-09-25 17.29.17-22015-09-25 18.38.442015-09-25 18.55.482015-09-25 18.56.012015-09-25 18.56.202015-09-25 19.21.322015-09-25 19.34.542015-09-25 22.51.492015-09-25 22.52.142015-09-25 23.37.48

Share.

About Author

Leave A Reply

Google+