Jaipur día 1

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Jaipur es un torbellino de motos, tuk tuks, coches y vacas que circulan por la misma calle en sentido contrario, entre pitidos se hacen paso en una vertiginosa carrera que te hace preguntarte cómo chingados nadie chocha. Es una ciudad de colores pastel terregosos con edificios que vieron mejores días, hoy sus paredes sirven de telón para los chispazos de color que se ven aún más bonitos resaltando entre el polvo y la falta de mantenimiento.

Jaipur usa el color sabiamente para hacer de esta ciudad algo mágico, pasa flotando en los saris estridentes de sus mujeres, o se estaciona en los puestos de granadas rojísimas y de plátanos amarillos, el color se siente en el aire en los mercados con sus cempasúchiles anaranjados y sus pétalos de rosa rosa oscuro. Son llamaradas de alegría en medio de la tierra y la basura, que permiten a la ciudad ser más bonita que fea, como esas personas que tienen unos ojazos azules y se ven hermosas aunque lo demás de su cara pueda ser incluso feo.

Jaipur es un hervidero de animales que se sienten dueños del mundo, changos, perros, cabras, cerdos, caballos, camellos y por supuesto vacas, deambulan por ahí, lo mismo de puede rebasar una moto que un señor con un camello, ahí andan todos, conviviendo y sobreviviendo a esta ciudad llena de peligros que nadie nota porque están acostumbrados a verlos todos los días.

Jaipur nos recibió con 2 tipos tratando de robarse nuestras maletas, solo porque salí a hacerla de pedo las dejaron y se fueron de ahí cuando traté de denunciarlos con un oficial que no entendió ni jota de mi queja, logré alcanzarlos antes de que salieran del aeropuerto y gracias a que mi maleta es rosa mexicano, si no, otra sería la historia de este viaje. Pero estamos aquí sanas y completas mi madre y yo. Hemos conocido la hospitalidad de los indios que nos llenan de comida, hemos platicado con todo tipo de gente, he conseguido muchos novios que no tienen ni medio gramo de Pena para tirarme la onda enfrente de mi mamá, hemos paseado por tiendas, visto telas, anillos de colores, especias y flores.

Me enamoré de una elefanta , casi voy a madrear a turistas que pagaron por montarla le di besos y abrazos y la vi cerrar sus ojitos cuando le rascaba su cabeza, me pelee con un chango culero, le puse un ultimátum a un guía de turistas que nos estaba llevando a tiendas mala copas, y encontré el amor varías veces pero tuve a bien rechazarlo. Jaipur está siendo como todo en esta vida una ciudad de contrastes increíbles de la que queda mucho por descubrir.

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La Fille terrible de la comida, comer es mi pasión desde que tengo memoria, me gusta descubrir sabores nuevos que provoquen orgasmos.

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