Lhasa día 2

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Mi guía pasó por mi a las 10:00 como ya les había contado está prohibido venir al Tíbet sin un guía, así que todo tiene que estar organizado desde antes. Llegamos al monasterio, nos esperaba una subida de una hora, David in chino americano de 80 años no pudo subir y nos esperó en la base.

Una humareda salía de un como horno, ahí los tibetanos ofrecían incienso a Buddha, fuimos subiendo rodeados de tibetanos hermosos, estoy enamorada de ellos, son súper súper bonitos, si ropa y si cara, sus cachetes rojos, sus sombreros, sus peinados. El camino de subida está lleno de unos cilindros dorados que tienen rollos con oraciones, al hacerlos girar se elevan oraciones, entonces todos los visitantes van pasando haciéndolos rodar, hay uno que se activa solito por un río qué pasa por ahí, básicamente todo el tiempo están rezando en este país.

Casa monasterio es distinto, la población de monjes que viven en ellos ha disminuido pero aún quedan algunos aquí. Fuimos pasando por las diferentes salas, con los diferentes Buddha. En cada una habían contenedores llenos de mantequilla de Yak, bueno, no, aclaremos una cosa, el Yak es macho no puede producir mantequilla, pero alguien en algún libro turístico puso que comen mantequilla de Yak y ya se quedó, esto es mantequilla de Dee. Está mantequilla tiene mechas que se encienden, los budistas creen que al morir estamos ciegos, pero si en vida trajeron mantequilla para llenar estos contenedores y mantuvieron las flamas encendidas al momento de morir tendrán luz para guiarlos.

En el 90% de los espacios no se pueden tomar fotos, pasamos por las diferentes salas de los Dalai Lama, cada uno tenía la suya con su como trono, vimos también un lugar lleno de armas en el techo. Esto es porque antes los tibetanos eran muy perruchos, peleaban por tierra, por animales, por todo, estaban armados y se mataban entre si. El Dalai Lama les pidió a todos que trajeran sus armas y las puso en el techo de este lugar, así los tibetanos estarían en paz. En la sala habían muchas pinturas de águilas comiendo carne humana, esto es porque en el Tíbet al morir te llevan a la montaña, descuartizan tu cuerpo y se lo dan a las águilas. Cuando mueren menores de 3 años, hacen lo mismo pero se lo dan a los peces, por eso los tibetanos no comen pescado.

Entramos a un lugar en donde tienen muchos libros de oración y esculturas en mantequilla, ¡¡si, hacen unas obras de arte que te mueres en mantequilla!!! Tuvimos muchísima suerte y nos tocó que como 300 monjes estuvieran juntos para hacer los cantos de la tarde, el lugar estaba lleno de bancas alineadas una frente a la otra en donde monjes con sus hábitos rojos sentados en flor de loto cantaban juntos, con la luz de la mantequilla, el incienso, la decoración y los muchos Buddhas que estaban alineados a lo largo del Salón de cantos, esto se sentía como estar en un planeta diferente.

Como este es un día especial para los budistas comimos en un lugar vegetariano que fue de las mejores comidas que he tenido aquí. Y nos dirigimos al monasterio Sera. Pasamos por la cocina en donde casi 400 monjes se alimentan hoy, pero antes servía para 10,000 monjes. Grandes calderas, ollas para té, noodles y arroz colgadas de techo a piso, después pasamos a un cuarto con tradicionales mandalas tibetanos de arena, los hacen entre 8 monjes y tardan una Semana, son una hermosura, mi guía nos explicó que estos mandalas son como la vida, nos vamos llenando de diferentes colores con cada evento, amores, alegrías, tristezas o desamores. Al pasar 10 años mezclan toda la arena y la tiran al río, la vida es igual, al morir, todo se borra y se empieza de nuevo.

Este día los monjes iban a tener debate, en un espacio abierto lleno de árboles, unos 100 monjes sentados en flor de loto divididos en dos bloques escuchaban atentos. Dos maestros con sus sombreros amarillos estaban al fondo del lugar, entre los dos bloques de monjes había un pasillo por el que caminaba un monje haciendo preguntas y a la vez siendo cuestionado. Todos los monjes abucheaban o echaban porras según fuera el caso cada que el monje daba una respuesta.

Ahí sentada viendo a los monjes debatir aprendí muchas cosas sobre el budismo, si bien ellos tienen templos y la gente dona mucho dinero, no es un requisito para ellos budistas hacerlo, lo único que requieren para ser buenos budistas es desear el bien para todos desde el fondo de su corazón, ese es el principio básico, no se necesitan templos, porque el corazón de cada persona es si propio templo.

Salimos de ahí rumbo al hotel pero antes paramos en un taller de pintura, porque mi guía de profesión es pintor no guía, así que fuimos a ver a su maestro. Las pinturas son una belleza, pero demasiado caras para mi presupuesto.

En la tarde pasé a comprar las postales que mandaré desde acá, son 30, encontré un lugar hermoso tapizado de postales en donde te puedes sentar a escribir y tienen sellos y cositas bonitas, ahí estuve escribiendo las primeras 15 mientras acariciaba a un gato. La Niña que atiende se llama Pander, me regaló una manzana cortada en cachos y así se hizo la ganadora de la segunda pulsera que llevo para regalarle a los que me caen bien. Estuve recorriendo las calles muy feliz hasta que llegué a un café/librería/estudio de pintura. Me senté a ver al pintor hacer sus pinturas horrendas, pero el está muy orgulloso y eso es lo que cuenta, también es escritor me enseñó sus libros y estuve ahí abrazando a otro gato y tomando mi cerveza hasta que me ganó el sueño.

Mañana voy a conocer el Potala Palace, estoy muy emocionada y agradecida por haber podido venir hasta acá, por lo que he encontrado, por como eso me ha cambiado y por los nuevos lineamientos que he decidió llevar en mi vida gracias a lo que he aprendido aquí. Me quedan todavía muchos días en este país increíble, no quiero que se acaben.

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La Fille terrible de la comida, comer es mi pasión desde que tengo memoria, me gusta descubrir sabores nuevos que provoquen orgasmos.

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