Shanghai día 1

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La fila para documentar era inmensa, el tiempo pasaba y no se movía ni un centímetro, había hecho mi primera amiga muriéndonos de risa de la gente que se formaba creyendo que era el final de la cola cuando en realidad era donde daba vuelta. Los mandábamos al lugar correcto y al ver sus caras de susto nos entraban ataques de risa incontrolables. La risa es un buen pretexto para iniciar una amistad. Claireyaya viajaba a Shanghai por trabajo, representa a una comercializadora alemana y tiene que estar del tengo al tango, es fanática del yoga, nunca se ha casado y se ríe fácil con esas risas chinas que más bien parecen hipo. Cuando me di cuenta de que eran ya las 11:20 y seguíamos sin documentar para un vuelo a las 12:40 le dije que tenía que ir a entregar mi wifi y ofreció cuidarme mi maleta. Salí disparada y a la mitad del camino llegó a mi mente Claire Danes en una cárcel de Tailandia acusada de traficar drogas. PENDEJA me dije a mi misma, dejaste tu maleta a una desconocida en Asia, cuantas películas no has visto que terminan mal por este tipo de decisiones imbéciles. Pendeja pendeja pendeja me repetía a mi misma mientras corría como Jar Jar Binks con mis chanclas de pata de gallo y el dedo cada vez más hinchado.

Regresé lo más rápido que pude y Claireyaya Seguía ahí con su sonrisa y si bindi rojo en medio de la frente. Para poder abordar pasan tu maleta por un scanner una vez documentada y tienes que estar tu ahí presente en caso de que requieran abrirla. Empecé a sudar frío, pero mi amiga parecía tranquila, ya la había agregado a Facebook y eso me daba más confianza. Mi maleta pasó sin problemas. Llegué a la sala de abordar a penas a tiempo.

Tuve que mover a una China de mi lugar, nada grave pensé, el sobrecargo me hizo el favor de traducirle y quitarla de ahí. Ya sentada traté de dormir cuando empieza un griterío.

WAN HE CHI HO, HA &@$@$"@$?!&@$!@$!@

Como 12 chinos estaban en una batalla campal por no sé qué, manoteaban, se veían feo, gritaban, de jaloneaban, señalaban con el brazo entero, volvían a gritar. Los sobrecargos ni se metieron, estaban ahí los chinos alegue y alegue sin control, al parecer por un asiento. De la que me salvé que bueno que la China ladrona de asientos que me tocó a mí no era argüendera y simplemente se movió. Después de 15 minutos ya intervino el personal y los chinos perruchos fueron separados, el griterío se calmó pero siguieron amenazándose unos a otros con gestos y miradas furiosas.

Por fin despegamos. A la mitad de mi vuelo el dolor del dedo era insoportable, lo revisé y aquello ya era una bola purulenta roja con chipotes que me dolía como si me estuvieran enterrando cuchillos y echando limón. Necesitaba un doctor ya, esto era una pésima señal. De pronto Shanghai se presentó ante mis ojos como una mole de concreto gigantesca. Me imaginé como si agarraran Santa Fe, Interlomas y todos los multifamiliares que existe en la Ciudad de México los pusieran todos juntos y pegados y los multiplicarán por 200 o 300, así parece Shanghai, sobrehilamos la ciudad por un buen rato, no podía creer lo grande que era.

Nada más salí al mundo chino y me empezaron a abordar personajes. Que si quería taxi, que si quería dinero, que si quería wifi, todos me hicieron sentir como que me estaban robando algo, después de negociar con 4 personas diferentes conseguí el wifi a mejor precio, encontré un shuttle a mi hotel y cambie dinero en el mercado negro porque las casas de cambio te quitan casi un montón. En el mercado negro me dieron 650 RMB por 100 USD. En la casa de cambio donde solo cambié 100 porque ya sabia de esto pero necesitaba algo de dinero me dieron 570 RMB.

Hasta ahora todo bien, ya había encontrado hospitales, mi VPN funcionaba y podía entrar a internet, Shanghai se iba revelando ante mi con sus miles de edificios su nata de contaminación y su tráfico. Llegué al Ritz que está junto a mi hotel y ahí había un hospital. La consulta costaba 250 USD. Me vieron el dedo de lejos, me dijeron CIRUGÍA!!! Y me pidieron regresar mañana. No me cobraron porque se supone que iba a regresar al día siguiente.

Caminando rumbo a mi hotel me empezó a perseguir un chino con carteras falsas, ¡que no! Le dije 16 veces y me seguía persiguiendo, luego otro chino barbón y mugriento me estuvo persiguiendo diciendo no sé qué, ¡dejen de perseguirme chinos! Estaba yo harta de todos ¿que quieren? No les entiendo ¿que no ven?.

Cené un Pho delicioso junto a mi hotel, me quejé de los chinos en redes sociales y me fui a dormir. Poco me imaginaba que esas quejas iban a traerme consecuencias.

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La Fille terrible de la comida, comer es mi pasión desde que tengo memoria, me gusta descubrir sabores nuevos que provoquen orgasmos.

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