Shanghai día 3

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Desperté mejor, lavé un poco de ropa en la regadera, hice cuentas para ver cómo voy en mis gastos, me quité la venda y me hice todas las curaciones, ya la bola roja estaba secándose y dolía menos al tocar con el desinfectante. Más tranquila salí a desayunar. Le pedí un mapa de la ciudad a la señorita del hotel me dijo que no tenía. Son un hotel ¿cómo que no tienen mapa? Se encogió de hombros y me ignoró. Trip advisor será mi venganza maldita mal educada pensé y me fui satisfecha imaginándome como reseñarlos. Caminé mentando madres de los chinos en voz alta de nuevo.

Desayuné en el Ritz Carlton y ahi conseguí un mapa por fin, como no puedo moverme mucho se me ocurrió treparme al Turibus chino y así por lo menos ver un poco la ciudad. Por suerte la parada estaba enfrente. Estoy convencida de que todo odio viene de la falta de conocimiento así que en vez de seguir por la vida despotricando contra los chinos decidí conocerlos a ver si entendiendo su historia y sus motivos puedo ser un poco más empática. También decidí cambiar mi actitud, aunque me bloqueen el internet hasta para checar mi mail y manejar mi empresa, aunque me persigan por la calle y atiendan pésimo en su hospital, aunque se suban a la banqueta con sus bicis y motos y tenga que estar defendiendo mi pie de posibles golpes todo el tiempo, aunque griten y se metan en las filas, aunque de peleen por todo, aunque no tengan baño en los lugares públicos, si hasta en restaurantes caros no tienen pinche baño, algo tienen que tener de bueno no pueden ser todo maldad.

Shanghai es hermosa, una mole imponente de edificios altísimos que te hace imaginar la cantidad de negocios que se están cerrando en ese momento en cada una de las ventanas que se ven miniatura desde el bus este. La ciudad está llena de árboles que se cierran a la mitad de la calle formando un arco verde. Por todos lados hay mini boutiques con ropa increíble, en México no tenemos eso estaba pensando, habrá una o dos por ahí pero siempre son cosas de marcas o diseñadores mexicanos horrendos, aquí no, si hay todas las marcas obvio, pero también muchísimas boutiques independientes una tras otra.

Mi boleto incluía subirme al Oriental Pearl Tower que es la torre esa roja como con una bola que siempre sale en todas las fotos de Shanghai. Pos miren, nunca me subo a estas cosas pero ya estaba ahí, ya lo había pagado y además no podría moverme mucho. Desde arriba Shanghai se ve más impresionante aún. Miles y miles de edificios forma un relieve lindísimo, calles ordenadas y felices cruzan toda la ciudad, los rascacielos se abrían paso entre la bruma haciendo de la vista algo increíble. Estuve ahí tonteando, aproveché para comprar las postales y luego me fui al museo que también estaba incluido.

Sus museos no tienen mucho orden pero le echan ganas, compre la audioguia que no me sirvió para un carajo porque está toda desconchilflada y además siempre había un chino gritando al lado y era imposible escucharla. Así que me di por vencida y mejor me puse a leer los letreros. Siento que se saltaron como 2000 años de historia, y no encontré mucha coherencia ni nada, pero el museo está bonito y tiene música y sonidos ambientales en cada exhibición como si estuvieras de verdad en el lugar. Me transporté al Shanghai de 1930, vi sus salones de baile, su riqueza, sus comercios. Me hubiera encantado viajar en esa época donde todo era tan diferente. Ahora siento que todo es igual, o casi igual. Lo que más tristeza me dio es ver cómo vivían los chinos pobres en la misma época, todo el lujo por un lado y tremenda pobreza por el otro, eso, desgraciadamente sigue siendo igual.

Recordé como me atendieron ayer en el hospital de los chinos, pagué 30 RMB en comparación con los 1590 RMB que me costó el hospital para occidentales, recordé como todos manoteaban para que los atendieran, esas camas ahí sin privacidad, los enfermos casi sin esperanza de curarse, igual que en México en nuestros hospitales públicos. Debe ser difícil siendo tantos, y eso que estoy en una de las ciudades más civilizadas. ¿Cómo será en otros lados? Creo que muy pocos turistas llegan a ver un hospital aquí, en verdad te da miedo que te atiendan, todo está sucio, sientes que vas a salir peor de lo que llegaste, esta es la vida diaria de muchísimos chinos. Tienen que pelear para sobrevivir, para comer, para tener salud, para lo que sea hay que pelear. No la tienen fácil.

Entendí entonces la agresividad, sigue sin gustarme pero ya no los odio por eso. Entendí la prisa y el enojo y la frustración. Si yo estoy frustrada como turista ellos de en estar que se los lleva la chingada. Nunca en mi vida había sentido lo que es la censura. En México voy y le digo pendejo a Mancera y le grito a Monreal subo la tweets de grilla, aquí me quejé por mensaje con alguien y estoy bloqueada de internet entero ENTERO y hasta los mensajes me quitaron. Me aislaron del mundo con un click por algo que no les gustó. Eso es impotencia y eso también es poder. Si a mi me censuran así, no me imagino cómo viven los que son como yo de quejosos en este país.

No he podido ver muchas cosas porque los 3 días que he estado aquí la he pasado entre hospitales y reposo, pero la ciudad me encanta como ciudad, es como París con sus parisinos todos enojados, hay que verle el lado positivo y aprender a quererla a pesar de su gente.

Ya no estoy tan enojada y hasta me reí hoy con una risa que sale del alma, vi a un gato echado largo en un mostrador y quise entrar a tomarle una foto, el gato se quitó de su pose en ese instante y salió a saludarme como diciendo ¿tu qué? Se me restregó por todos lados, me hizo rascarle las orejas y me dio una mordida el canijo. Cuando ya me iba me fue a perseguir hasta la banqueta para que lo siguiera acariciando. Su dueña tuvo que salir por el. Ahí fue cuando solté la carcajada gracias a un gato. Me dio ternura, siento que sabía que necesitaba algo amable y fue a dármelo nada más por que si, gracias a ese gato mejoré mi día.

Casi no he comido porque no me entra la comida, he bajado como 3 kilos y se me cae un poco la ropa, me obligué a comer, pedí un pollo horrendo en un lugar que me quedaba de paso, pasé a un café internet a mandar mails de trabajo y a avisar que sigo viva desde un mail alterno y me regresé a curar el pie y a descansar. Espero mañana poder caminar mejor porque tengo un día para ver todo lo que quiero ver de Shanghai, espero también poder comer.

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La Fille terrible de la comida, comer es mi pasión desde que tengo memoria, me gusta descubrir sabores nuevos que provoquen orgasmos.

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