Shanghai día 4

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Amanecí mucho mejor, con la firme intención de recuperar el tiempo perdido salí de mi hotel temprano, estuve en un café desayunando un sándwich en la sandwichera (soy fan) y escribiendo las postales desde Shanghai. Después de ahí fui caminando al Jing'an temple. El templo es una construcción impresionante en medio de está súper desarrollada ciudad. Con mi recién recuperada libertado subí, bajé y demabulé por todos lados. Al entrar a un templo budista la gente quema unas barritas de incienso, hace reverencias y luego las deposita en un como altar. Como en todos los viajes que hago y visitó templos en donde se pueden hacer peticiones, les encendí una varita a todos los que me están leyendo.

Pedí para todos los que me están leyendo, les prendí una varita de incienso (en vez de una vela) y pedí para que cada quien encuentre el camino que le toca seguir, que se dejen de pretextos y dudas y se pongan a buscar su felicidad, que aprendan a dejar que los demás sigan su camino con libertad y que sepan reconocer las lecciones que la vida les presenta y les saquen el mayor provecho para que no haya necesidad de repetirlas.

Me trepé en lo que me quedaba del trayecto de 24 horas del turibus y fui hasta People's park, caminé por esta ciudad plagada de rascacielos y por fin pude disfrutarla, entré al museo gratis, estuve paseando por los Yu Gardens, me metí a una zona como el centro pero llena de edificios tradicionales chinos altísimos con tienditas, quise comprar un souvenir pero no es mal pedo era como estar en Correo Mayor, lo mismo que ven aquí lo tenemos allá exactamente igual solo que aquí es caro porque es para turistas. Deambulé todo Shanghai hasta la French Concession que me tiene enamorada con sus árboles que vuelven cada calle un túnel verde hermoso, entré a tienditas, hermosas, vi vestidos, subí, bajé, me tomé como 6 tés con fruta, estoy obsesionada, los amo y hay por todos lados, mezclan té verde o de rosas o alguno así con diferentes frutas en un como smoothie es lo mejor.

El día estaba divino, el sol hacia que todo se viera menos deprimente, y así comencé a enamorarme de Shanghai. Pero no fue hasta que fui al Un Tour con Andrés que realmente dije esta ciudad es una chingonería. Obvio es un Food tour porque yo amo comer y además mis viajes siempre son de investigación para mejorar mi empresa. El tour empezó en una callecita llena de locales luminosos. Andrés es mexicano pero habla chino como local, aunque el dice que no, yo nada más lo oigo hablar y me pasmo. El fue quien me llevó al hospital y aunque es amigo de mi hermana lo conozco desde hace muchos años. Después de presentarse y contarnos lo que haríamos comenzamos el recorrido. El primer local fue el más impresionante porque sacan a una víbora viva y le cortan la cabeza para luego prepararla. Toda la comida fue una delicia, voy a hacer un post especial sobre este tour para entrar más a detalle, entre cerveza, brochetas, noodles, Bai Jiu que es un alcohol todo fuerte que te fumiga y datos sobre la comida transcurrió el tour. Pero no fue hasta que llegamos a un local en donde sirven comida de Xinjiang que tiene influencia turca, que realmente empecé a ver a China con otros ojos.

Andrés habló de la historia de guerras constantes entre ellos, luego la guerra del opio que trajo a las concesiones extranjeras que vinieron a este país a hacer de su culo un papalote pasándose a los chinos por el arco del triunfo, pisoteándolos, abusando de ellos y hasta prohibiéndoles la entrada a restaurantes o salones en su propio país. Luego vino la guerra civil y todo el rollo de la revolución del que no hablaré en este momento hasta llegar a la China que tenemos hoy. No la han tenido nada fácil.

Yo no sabía pero WeChat es en donde están todas sus redes sociales juntas, tinder, Facebook, twitter, WhatsApp TODO, pero además con eso puedes pagar, usar una bici y adivinen que, dejarla en donde se te pegue la gana. Si, las bicis compartidas en China no tienen cicloestaciones, la puedes dejar ahí, en la puerta de tu casa y algún otro pasará y se la llevará y la dejará en donde quiera. No están atadas, y nadie se las roba, todo funciona basándose en confianza. Tienen hasta paraguas compartidos, igual escaneando tu código, nadie se los roba porque WeChat tiene toda tu vida, si te robas un paraguas o la bici todos se van a enterar. ¿Se imaginan un mundo así? Además el gobierno tiene acceso a toda tu información, qué haces, cuando, que pagas, cuánto gastas, TODO. Pero la gente en China no tiene problemas con eso, porque aquí creen que el gobierno actúa en su beneficio, no para chingarlos, y que mientras más conozca a su pueblo mejores decisiones tomará para todos. Me contaba Andrés que aquí confían en en el gobierno y rara vez lo cuestionan porque al igual que no cuestionarías a un cirujano ya que no eres doctor y lo dejas a él que es el experto hacer su trabajo, no cuestionan a los políticos porque no son expertos en cómo gobernar así que los dejan hacer su trabajo. Esto funciona claro asumiendo que el gobierno no te quiere joder como en México, que ya sabemos todos que son unas ratas inmundas.

En China empezaron a implementar el uso de códigos para pagar, casi nadie usa efectivo, hasta los puestos más rascuachos tienen códigos, y estás implementaciones tardan meses, si, en 6 meses TODOS tienen códigos y están listos para cobrar ¿cuánto tardaría en México un cambio así? Mínimo 10 años y me estoy viendo corta. En Shanghai no hay casi crimen, es una ciudad ultra segura, si hay chinos que te persiguen con carteras falsas y así, pero nadie te roba, ni te violan, yo pensaba que un chino había tratado de entrar en la noche a mi cuarto (y me saqué un pedote) Andrés me explicó que probablemente estaba borracho y confundido.

Después del tour fuimos a una zona de bares increíble donde conocí a parte de la comunidad expat. Todos son felices aquí, claro que tiene sus obvias desventajas sobre todo cuando se trata de temas de salud, pero en general aman la ciudad, aman sentirse seguros, aman la libertad con la que se pueden mover y no extrañan para nada las redes sociales. Todo esto me hizo preguntarme muchas cosas, claro que China no es perfecta, hay mucha pobreza como en todos lados y tiene una historia complicada, no puedo juzgar algo sin vivirlo en carne propia, nadie podría decirnos a los mexicanos que está bien o mal de nuestro gobierno y país, pero lo que vi en esta corta estancia en Shanghai me gustó, tanto como para considerar vivir aquí. Me gustaría tener esa libertad de vivir con ese sistema de confianza que te permite ir y venir en una bici sin ataduras o tener acceso a un paraguas compartido, me gustaría confiar en mi gobierno y querer compartirle toda mi información para que sepa cómo gobernarme mejor, me gustaría ser así de eficiente para implementar un cambio. Hoy entendí la agresividad y la prisa con la que me trataron los primeros días, y vi su otro lado, la verdad ya que te acostumbras empiezas hasta a morir de risa cuando se portan así. Creo que lo que espanta es que gritan y no entiendes pero lo más probable es que no estén diciendo nada agresivo.

Shanghai me dejó una gran lección, de paciencia, de aprender a soltar cuando no tenía internet solo me estresé por lo del pie, pero entendí que así era la cosa y no vivía preocupada por no poder entrar a mi correo, si no podía hacer nada al respecto ¿para que ponerle loca? En Shanghai aprendí lo que es tener una infección, nunca me había pasado, aprendí a ser vulnerable y a pedir ayuda, aprendí que todo pasa, que todo se soluciona al final, aprendí qué un tono agresivo no siempre es violento, a veces solo es una forma de expresarse, aprendí qué hay que ver más allá, que si se meten en las filas tal vez es porque son tantos que tienen que pelear todos los días para conseguir hasta lo básico, aprendí que si se puede ser libre aunque vivas con restricciones de comunicación, aprendí que la confianza es tan importante que puede hacer funcionar una ciudad de formas hermosas. Se que si hubiera estado sana la cosa habría sido diferente porque el miedo y la incertidumbre son cabrones y te hacen actuar a la defensiva, pero hay que aprender a ver a través del miedo, hay que aprender a confiar, entendí que no me habían querido tranzar cuando llegué, a pesar de que odio regatear porque se me hace una falta de respeto al trabajo de la gente aquí se regatea, y se regatea mucho, hay que luchar por el precio justo, también aprendí que si puedo ir sola a un hospital público chino donde no hablan ni una palabra en inglés y conseguir que me atiendan, me la pela cualquier otra cosa que me pase en la vida.

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La Fille terrible de la comida, comer es mi pasión desde que tengo memoria, me gusta descubrir sabores nuevos que provoquen orgasmos.

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