Taipei dia 1

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Al caos con el que inició esta aventura lo tomé
Como un presagio de que este viaje estaría lleno de crecimiento emocional y espiritual. Es fácil perder la razón cuando algo que planeaste tanto y que te costó un montón de esfuerzo pagar está en riesgo de perderse por circunstancias completamente fuera de tu control. Guardé la calma y mantuve el buen humor a pesar de que por momentos me entraba la angustia tremenda, 4 horas en el uber, imposible llegar al aeropuerto y Aeromexico seguía anunciando que el vuelo estaba a tiempo. A la 1:15 abandoné mi Uber para correr como una loca por las calles aledañas al aeropuerto, todos estaban igual que yo, el personal debo decir fue muy poco empático, una familia roja por el esfuerzo se acercó al mostrador -nuestro vuelo sale en media hora nos pueden ayudar? – la señorita respondió que ella ya se iba que no era su problema. Eso me parte el corazón, los viajes son sueños que se planean con tanta ilusión y esfuerzo y que una señorita así te lo quite me parece una tragedia, esa mujer es una desalmada.

Al final pude abordar, llegué 1 hora antes de que mi avión saliera. Junto a mi se sentó Adriana Bautista de la Rosa, vestida con el traje típico de su comunidad no Huichol, Waxárika, así es como se les debe llamar, Adriana es hija de uno de los artesanos waxaritari (el plural de Waxárika) más importantes. Ella ha decidido forjar su propio camino, hace piezas diferentes que la han llevado a visitar muchos países, su favorito es Australia hasta ahora. Adriana estudió derecho en el ITESO pero decidió dedicarse a ser artista con chaquiras, es su pasión. Me sentí muy identificada con ella. Es casada y viaja sola dejando a su hijo con el esposo. -No llegué hasta aquí para que mi esposo me corte las alas como lo hacen todos los de mi comunidad, yo voy a seguir viajando y creciendo y siendo diferente.

Generalmente las mujeres se someten a las reglas del esposo, trabajan en el talles del marido y dejan su arte a un lado para seguir el estilo que él les imponga. Adriana no es así, tampoco se deja intimidar por el hecho de no saber inglés. Viaja a Japón a exhibir porque conoció a un japonés que la invitó, no se entienden entre ellos, pero aquí estaba está valiente trepada con su falda rosa en un avión rumbo a Tokio con un nipón fashionista al que no le entiende un carajo. Eso es valor, aunque reconoció que a veces se desespera porque no sabe a dónde la llevan, si le va a dar tiempo de comprar sus telas para hacerse faldas o lo básico, como pedir de comer. Me despedí de Adriana prometí agregarla a Facebook y contar su historia. Me parece que es una gran historia que contar, ambas promesas han sido cumplidas.

Tras 6 horas de escala Taiwán me recibió en un aeropuerto ordenado, con un trayecto en metro tan fácil y bonito que me daban ganas de abrazar a todos. Mi depa está en un barrio hipster en la planta alta de un local de BBQ. Salí a explorar la zona encantada, me enamoré de Taipei en el segundo en el que puse un pie en esta ciudad húmeda y verde, con sus calles anchas llenas de árboles bonitos y sus callecitas chuecas con viejitos dormidos mientras esperan a sus clientes. Taipei es como un Vietnam que fue a estudiar modales a Londres y regresó educado y civilizado pero sin perder su encanto asiático, con sus puestos y su gente tan bonita que no te entiende nada pero te dice Ni Hao, su comida rara que a veces da miedo y sus calles llenas de gente en la noche. Caminé por ahí sintiéndose la ciudad toda mía, con su caos organizado y sus colores, con sus puestos de comida luminosos, con sus señores gritones que no entiendo. Comí dumplings de no sé qué que me sirvieron sin prisa por menos de 2 dólares en un restaurante lleno de gente sudorosa y platicadora. Me imaginé a Gretchen de Mean Girls hablando con ellas y me dio risa. A veces hago asociaciones muy random.

Me perdí en la seguridad de esta ciudad ultra civilizada y regresé a mi depa agotada. Dormí feliz de saber que estoy aquí, que no hice caso a quienes me dijeron que esta ciudad era una escala y no un destino, dormí feliz porque alcancé a tomar mi vuelo, porque estoy aquí en esta nueva aventura y porque una vez más me he demostrado a mi misma que cualquier sueño se puede cumplir por imposible que parezca.

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La Fille terrible de la comida, comer es mi pasión desde que tengo memoria, me gusta descubrir sabores nuevos que provoquen orgasmos.

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