Taipei día 4

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Según la aplicación del clima del iPhone iba a llover todo el día, me desperté sin muchos planes más que ir al correo a mandar las postales y chance ir a Jiufen, un como pueblo a hora y media de Taipei. Salí del depa sin lluvia, dejé las postales y seguía sin llover, pasé por un café carísimo y estuve ahí usando el aire acondicionado como gato que se mete al refrigerador, en ese tiempo me estuve debatiendo entre ir de nuevo a Din Tai Fun por Xialongbao o irme al pueblo ese. Ganó la comida. A las 10:45 llegué a encontrarme con una fila gigantesca, me dieron mi comanda pa que apuntara como en el farol, pedí los xialongbao de puerco con trufa otra vez unos wontones picantes y otros xialongbao de camarón a ver qué tal. Esta vez pasé a ver cómo hacían todo, son como maquinitas estos cuates, la cocina impecable está atascada de las cajitas esas redondas de bambú en donde ponen los xialongbao y un ejército de hombres de blanco amasan, doblan, rellenan, acomodan y hacen magia. Me dio mucha emoción que. L me dieran el instructivo para comer los xialongbao como a los de la mesa de al lado. Ya me veo como conocedora Ja ja. Disfruté muchísimo mi comida, en 23 minutos ya estaba fuera y lista pa irme al pueblo.

Después de dar vueltas como mayate por unos 45 minutos por fin le hallé a la parada y me trepé, no tenían cambio, el chofer lo notificó a los pasajeros y en seguida una chava súper linda llegó me dio cambio, pagó y se fue a sentar. Ella es la segunda ganadora de la pulsera feliz, se la fui a dar y me senté a ver el paisaje. Al rato se me acercó para avisarme que ya nos tocaba bajar y para regalarme un colguije bien bonito. Amabilidad con amabilidad se paga, me bajé sintiéndome contenta y despidiéndome de mi amiga.

Estaba yo en un lugar con mar lleno de figuras de gallos y dragones y ni rastro del camión a Jiufen, pero como siempre le hago pregunté y la gente toda amable de Taiwán me ayudó, un señor me llevó a una banca, me hizo sentarme, regresó al rato y me dijo que me trepara a un camión, le dio indicaciones al chofer y se despidió. El chofer estaba confundido y llegó a asegurarse de la ruta era la correcta usando Google translate. Son unos adorados.

Fui subiendo una montaña entre nubes en la que a veces se veían templos budistas y casitas, yo no sabía ni qué onda porque subía y subía, total, pensé, si estaba yendo a un lugar raro ya ni modo, tenía la idea de que el día estaría perdido por la lluvia, cualquier cosa era ganancia. Al final si llegué a Jiufen. Una horda de turistas orientales me recibió. Postales, recuerditos, chunches, té, comida, comida, comida, gatos, perros, selfie sticks, más comida, gente, chinos, más chinos, más gente, más comida, más chunches. Todo eso era un horror, las tiendas hermosas eso si llenas de cositas lindas, pero entre tanto chino y selfie stick una se ataranta.

Me metí a una casa antigua de té que emanaba tranquilidad. Señoras todas lindas me llevaron a mi mesa, si lo ves desde adentro de la tienda con el aire acondicionado se ve la mesa con una tetera humeante, la terraza, la montaña entre nubes y dices ándale, ahí me siento con el tecito calientito como si estuviera en Valle de Bravo con mi cobija y mi libro. Estaba ahí muy ufano un señor hawaiano gordo, no se sienta hawaiano peor era idéntico al dude ese de Moana, no se el nombre pero el culero ese que se roba la piedra verde y jode todo. Total vi al gordo feliz, vi el humito y se me hizo fácil pedir mesa afuera. ¡Bendita inocencia me cae! Aquello era como el mismísimo infierno, las nubes daban la impresión de que hacía frío, pero estábamos a 35 grados. Entre el fuego pa calentar el té, el vapor y el ambiente me empecé a derretir. Mejor me metí y me eché mi té carísimo con un pedazo de piña unas ciruelas agridulces deliciosas y dos galletitas de matcha.

Antes de salir a mi viaje me hicieron pedicure y me cortaron en la orilla como pegado a la uña, me dolía un poco, pero ayer con la pérdida de la chancla y ahora usando tenis como que se apretó y se empezó a volver insoportable, sospecho que está infectado porque el dedo ya está todo Gordo y rojo. Le eché un chorro de gel antibacterial y salí de ahí cojeando. Entre el dolor del pie, la multitud enardecida de chinos compradores, las tiendas y el calor, me empecé a desesperar y me quise ir de ahí en ese momento. Compre unas chanclas por $50 pesos mexicanos y me trepé a un camión sintiendo el dedo punzante y caliente.

Después de como una hora me fue a botar en medio de un carnaval, coches pasaban con música a todo volumen sin ningún sentido de nada, me da muchísima risa eso, así estás ahí parada y pasa un carro alegórico con música como de antro a toda velocidad, y luego otro en la dirección contraria. No entiendo NAAH.

Total tenía que buscar un camión a Taipei porque eso era Keelung así que caminando llegué al mejor mercado que he visto en todo Taiwán. El mercado de Keelung es mágico, todo se me antojaba, compré una carne deliciosa, unas guayabas con chile, un elote como rostizado, pasé por los puestos con mariscos frescos y perfectos, unas jaibas naranjas como de juguete, unos camarones impresionantes, unos ostiones del tamaño de mi mano (y eso que tengo manotas) estaba yo como niña chiquita compre y compre, come y come, saque video que saque video. No sabía ni para donde voltear, de verdad hace mucho que no me emocionaba tanto. Me fui a sentar con el de las otras que me dijo que si la quería asada o con queso y yo ÓSEA OBVIO ASÍ SOLITA AMIGOU. Me la dio Fresca, le puse limón y sal y me la eché, les juro que es la mejor que me he comido en la vida y estaba ENORME.

Tanta emoción hizo que se me olvidara el pie, pero el dolor volvió así que emprendí mi camino de regreso, todo estaba cerrado por el carnaval, el aire lleno de ambiente festivo se sentía calientito y feliz, me dieron ganas de quedarme, más cuando vi a un perro echado con un ventiladorcito enfrente, quise que fuera Mateo y que estuviéramos los dos ahí junto al mar come y come, pero no era Mateo y yo estoy apenas en el cuarto día de este viaje y lo del pie me puede joder la existencia, mejor me regresé. Tomé un tren larguísimo y llegué al depa sin dinero por gorda, cansada, feliz y con un pie hecho una desgracia. Lo metí en agua caliente con sal, limpié la herida con un cepillito y le puse antiséptico. Ahora estoy en mi depa encerrada porque se me acabaron los dólares taiwaneses por andar de emocionada en el mercado y no quiero joderme más el pobre dedo, poco a poco el dolor va cediendo.

Taiwán me enseñó mucho, sobre comida, sobre educación, sobre civismo, Taiwán me enseñó sobre amabilidad, sobre orden, sobre ética y honestidad. Los taiwaneses tan alegres y organizados son un ejemplo de sociedad que muchos deberían empezar a conocer y valorar, su comida, sus mercados, su forma de vivir tan bonita y necia, en México si hay lluvia todo se muere, acá todos salen sin importarles nada. Me encanta si forma de ayudarte sin esperar nada a cambio, lo hacen rápido, no como los que ayudan porque ya no queda de otra, lo hacen con gusto, con una sonrisa. Taipei siempre estará en mi corazón como una de mis ciudades favoritas, me ha dejado completamente sorprendida y enamorada, a pesar de que no encontré nada en sus museos sobre su historia ni un libro que leer ni nada.

Me llevo sus olores, sus xialonbao, sus aguas de fruta, sus tés bonitos, sus tiendas Gourmet, su obsesión por la comida y su ejemplo de que la pasión no siempre significa desorden y caos, también existe pasión ordenada y enfocada, que es la que deberíamos tener para poder lograr nuestros objetivos. Gracias Taipei, eres una chingonería.

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La Fille terrible de la comida, comer es mi pasión desde que tengo memoria, me gusta descubrir sabores nuevos que provoquen orgasmos.

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